Crítica de 'De Ratones y Hombres' - Masteatro

Crítica de ‘De Ratones y Hombres’

De ratones y hombres

LA SOLEDAD DE LOS INOCENTES

Termina el espectáculo, se apagan las luces y me quedo clavado en el asiento. “De
ratones y hombres” me recuerda demasiado a lo que según muchos pesimistas (la
mayoría dirán -no sin motivo- realistas) se nos viene encima. O peor aún, por momentos
me remite demasiado a nuestro presente: un universo reinado por el “sálvese quien
pueda” donde lo más común es estar deshumanizado y lo más extraño viajar por la vida
acompañado de un amigo al que cuidar.

Miguel del Arco, cuyo último montaje “Veraneantes” ganó cinco premios Max (mejor
espectáculo teatral y mejor adaptación, entre otros) dirige una tragedia ambientada en los
años de la gran depresión firmada por el premio Nobel de literatura John Steinbeck. En
ella, George y Lennie, dos obreros en busca permanente de trabajo, sueñan con tener su
propia granja, criar sus propios animales y en definitiva ser dueños de su propio destino.
La realidad es bien distinta: viviendo prácticamente en la indigencia, George ha de vivir
siempre pendiente de Lennie, un grandullón disminuido psíquico de fuerza descomunal,
con el que consigue trabajo en una granja regentada por un exboxeador cuya insatisfecha
esposa les procurará muchos problemas.

La magnífica versión española del texto la firman el propio Miguel del Arco y Juan Caño Arecha y todo en este maravilloso montaje acaricia la excelencia.

El reparto está liderado por el fantástico binomio Fernando Cayo-Roberto Álamo. El último
parece estar por momentos en estado de gracia en ese papel de inocente entre los
inocentes, pero creo que una parte de esa efectividad se debe a las réplicas de su
compañero, Cayo, con quien crea una complicidad realmente conmovedora. Irene Escolar
está muy bien en su papel de bella y seductora esposa de Curley, ansiosa de libertad. “Yo
sólo quiero hablar”, repetirá varias veces a George. En el fondo, ella está tan sola como
Lennie. Ambos son básicamente seres inocentes que no se pueden adaptar a las pautas
y reglas de una sociedad que no comprenden (y que no tampoco les entiende a ellos) a la
que, por otra parte, sólo sería posible unirse si se deshumanizasen. Ambos, además,
desean huir de la granja de Curley: ella para materializar sus sueños de actriz y él para
cuidar de los conejos en la granja de la que George tanto le ha hablado.

No son los únicos que se sienten solos ni que desean huir de la granja a toda costa. El
anciano Candy (emotiva interpretación de Antonio Canal), alimenta las fantasías que
George le cuenta a Lennie sobre su idílico futuro juntos hasta el punto de que él mismo se
las cree. Candy les pide desesperadamente que le dejen unirse a ellos y rápidamente
planean la compra de una granja usando parte de los ahorros del viejo. Pese a que
prometen guardarlo en secreto, a Lennie se le escapa y se lo acaba contando a Crooks
(destacable también Emilio Buale haciendo del esclavo impedido). Si Lennie es el
inocente entre los inocentes, Crooks es el más marginado entre los marginados. Aunque
al principio Crooks no cree una palabra y se burla del grandullón y del viejo, acaba
rogándole a Candy que le lleve con ellos. Entre los demás personajes, una verdadera
jauría deshumanizada, el único con el que los nuevos trabajadores consiguen empatizar
es Slim (muy buen trabajo de Josean Bengoetxea), que le regala un cachorro a Lennie y
más tarde “ayuda” a George cuando las cosas se ponen realmente feas.

La concepción del espacio escénico (con las cintas transportadoras y el barracón de los
trabajadores como pilar principal) diseñada por Eduardo Moreno es realmente efectiva y
el universo, tanto lumínico (Juanjo Llorens) como sonoro (Sandra Vicente), todo un
acierto. Además, la música compuesta para la ocasión por Arnau Vilà alimenta la
sensación de inquietud y desasosiego que preceden a la tragedia.

Miguel del Arco dirige al elenco de actores con brío y crudeza pero también con
honestidad y ternura. Y por momentos, nos hace viajar de esa historia ambientada en la
gran depresión escrita por Steinbeck a este momento actual enmarcado por la
omnipresente crisis económica. Como por ejemplo, cuando Carlson (Eduardo Velasco)
insiste en matar al viejo perro de Candy, porque “ya no sirve para nada y sólo huele mal”,
que inevitablemente pensamos en la terrible e inhumana castración de las políticas que
apoyan a los más desfavorecidos de nuestra sociedad.

En definitiva, “De ratones y hombres” conmueve y no deja indiferente porque presenta
una realidad donde las ansias de libertad son brutalmente reprimidas, donde la amistad
de dos hombres que se apoyan entre sí para salir adelante despierta suspicacias y donde
los inocentes que no se dejan vampirizar para convertirse en algo parecido a los
monstruos que lideran ese oscuro núcleo social -por llamarlo de algún modo- acaban
siendo fagocitados por éste sin ningún atisbo de conciencia. Sinceramente, a mi me
recuerda mucho a los tiempos en los que vivimos.

DE RATONES Y HOMBRES
De John Steinbeck
Dirección: Miguel del Arco
Reparto: Fernando Cayo, Roberto Álamo, Antonio Canal, Rafael Martín, Josean Bengoetxea, Irene Escolar, Eduardo Velasco, Diego Toucedo, Alberto Iglesias, Emilio Buale
Teatro Español de Madrid, hasta el 27 de Mayo

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