Crítica de 'Cyrano de Bergerac' de Oriol Broggi - Masteatro
Crítica de Cyrano de Bergerac de Oriol Broggi en la Biblioteca Nacional de Catalunya.

Crítica de ‘Cyrano de Bergerac’ de Oriol Broggi

Crítica de Cyrano de Bergerac de oriol Broggi

Es un hombre quasi perfecto, valiente, con buen corazón, buen amigo, listo, ingenioso, elegante, magnífico guerrero, poderoso espadachín, y sobretodo de verso afilado. Afilado. Bien pondría mi vida en peligro si él estuviese por aquí. No creo que le cayera bien la palabra “afilado”, ni puntiagudo, ni largo, ni grande, ni infinito, ni… multitud de adjetivos y metáforas que pudiesen definir esta desagradable protuberancia que sale frontalmente de su testa. A tal señor no le gusta que se burlen de él y si alguien lo hace no solo hará silbar su espada ante éste sinó que además le ridiculizará con sus versos como ya hizo con el actor Montfleury, que bien se lo merecía, o con Valvert, el lacayo de su íntimo enemigo, el conde De Guiche. Así les recomiendo que vayan a encontrar a este caballero, pero cojan una distancia prudencial no sea que la tome con ustedes, y sobretodo no se fijen en su nariz o les hará la vida imposible. Tan sagaz que es y, en el fondo, tan desgraciado que se siente por su nariz! Pobre Cyrano de Bergerac! Ahora, y hasta el 22 de julio, el caballero se ha metido en l’alma del actor catalán Pere Arquillué para explicar su historia de amor con Rosaura, su prima, en la Biblioteca de Catalunya.

Este Cyrano lleva la firma de Oriol Broggi y su equipo de La Perla 29, los mismos que han llevado con éxito el montaje de Incendis en el Romea. Después de tal epopeya trágica, a Broggi y compañía les apetecía un clásico de las letras francesas impregnado de poesía, de buen humor y sobretodo de una historia de amor inmortal de igual categoría que Romeo y Julieta. Y otra vez, como Incendis saben coger el texto y darle una versión auténtica donde brillan tanto los sables, las batallas coreografiadas (cortesía del actor y maestro de armas, Isaac Morera) como los versos satíricos de Cyrano de Bergerac que lucha a lengua y espada hasta contra cien hombres, pero que es incapaz de confesar su amor por Rosaura. Pero cuando aparece en medio el bello, joven barón Christian de Neuvillette, quien se declara enamorado de la muchacha (a lo cual ella corresponde) ve su oportunidad para escribir sus mejores versos, sus cartas de amor más hermosas y más sentidas enviándolas en nombre del joven. Así se unen en un sólo ser, el rostro bello de Christian y la poesía romántica de Cyrano. Y sin rastro de la nariz.

Hay piezas teatrales cuyo referentes son tan potentes que dificultan su reposición. Y este es el mismo caso de Cyrano de Bergerac quien no solo se recuerda por la pel·lícula de Rappeneau y la interpretación de Depardieu, sinó por un montaje teatral protagonizado por el mito Flotats, un actor cuyas interpretaciones son siempre miméticas, un acto de fusión completa con su personaje. Y el peso de su Cyrano aún se siente en los fonamentos del teatro catalán. Por eso, y el mismo Broggi lo confiesa, ha costado más de 25 años que en Catalunya se vuelva a representar la obra. Pero si Flotats hizo su Cyrano, Arquillué hace el suyo, y bien se ha ganado el recuerdo, el elogio perecedero, el Olimpo de las grandes interpreteaciones del año que de bien seguro llevará consigo más de un premio teatral. El porque está en su presencia física en el escenario, su arte al declamar el texto, con sus variados tonos de voz.

El actor catalán no está solo. La otra mitad de Cyrano, Christian está interpretado por Bernat Quintana quien sabe ser tímido o provocador depende del momento y esencialmente insustancial, como es el barón. Quien está espléndido es también Jordi Figueras, el ridículo y ridiculizado conde De Guiche, afectado y estúpido, un antagonista de broma que acaba reconociendo la autenticidad de Cyrano por delante de su mediocridad. De Rosaura (Marta Betriu) a veces se podría esperar un poco más de emoción en ciertas escenas claves, cuando recibe los versos de su amado. El resto, secundarios, no lo son en el nivel pues componen sus personajes de muy buena manera sobretodo Ramon Vila quien se impone con su Le Bret y Pau Vinyals, el magnífico pastelero Ragueneau, quien pretende ser el mejor poeta y se queda en un pallaso tierno y divertido.

Igual que el precedente de Flotats, este Cyrano de La perla 29 ha usado la traducción del escritor Xavier Bru de Sala, quien da profundidad a los versos escritos por Edmond Rostand y al mismo tiempo los aligera de un excesivo barroquismo que dificulte su entendimiento. Pero además Broggi pretende dejar aún más su imprompta personal cuando en la enytrada de los actores estos saludan al público y hablan entre ellos entusiasmados porque hoy ha venido un público de calidad, nisagas como los Rius, los Nadal, los Millet (ridiculizando así la burgesía catalana) y nombrando a los Benach, Ordóñez, y otro apellidos de célebres críticos teatrales del circuito catalán. Un ajuste de cuentas? Para mi una broma amable e inteligente que crea lazos cómplices jugando al teatro dentro del teatro y para los de teatro. Un buen detalle.

Pero en esta obra sobresale también como siempre la escenografía ( a cargo de Max Glaenzel) pues la compañía siempre cuida los detalles. La clásica arena se reparte por todo el vestíbulo de la nave d’Arts i Oficis del antiguo Hospital de Sant Pau i la Santa Creu, una tela roja separa el espacio en dos, un escenario pequeño para la primera escena, unos bustos vestidos con elegantes ropajes, sillas, una mesa que se dispone de distintas formas para guardar las pastas y los pasteles de Raguenau, y sobretodo ese balcón icónico para la escena de los mensajes de amor. Elementos sueltos, distribuidos a lo larog del espacio dejando un amplio terreno para que los actores se muevan y campen a sus anchas. También se aplaude el tratamiento de la luz y del sonido.

Así es este Cyrano que huele muy, pero que muy bien. A clásico renovado e inteligente, lúdico, festivo, pero romántico y dramático en sus momentos. Con una nariz así, tan bien hecha, ya puede oler bien, ya

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