Crítica de 'Coriolá' - Masteatro
Coriola

Crítica de ‘Coriolá’

Coriola

Shakespeare es sin duda uno de los autores con más vigencia en cualquiera de los tiempos que se representen sus obras, y así ocurre en este principio de siglo tan crudo y tan duro para todo el mundo. Por más sobado que esté el adjetivo  se tiene que remarcar: los temas que trata (y sobre todo el cómo los trata) son universales y al serlo son fácilmente adaptables en cualquiera de las sociedades de este mundo y en cualquier de los momentos históricos en que se encuentre. Así pues hablamos ahora de cómo un director que adora Shakespeare pero que aún adora más el adaptar clásicos de manera rompedora, ha logrado montar un Coriolà bien enmarcado en el contexto social y económico en que vivimos, tanto en la forma como en el contenido. Se trata de la versión del texto del bardo inglés hecho por el genial Àlex Rigola y que se representa hasta mediados de abril en el Lliure de Montjuïc.

Y es que los genios tienen de todo, los buenos genios pueden llegar a ser excesivos y apabullantes. Y Rigola parece querer apabullar al espectador des de que se sienta en su butaca: en el medio del escenario se alza un brazo hidráulico, una grúa des de dónde descansan nueve letras, DEMOCRACY. Enormes, visibles en todo momento, hasta que al final de la primera parte de la obra este brazo gira sobre su eje cada vez más rápido, mientras las letras van iluminándose. Así pues el genial Rigola nos quiere subrayar en todo momento el sentido oculto, la reflexión contemporánea que se deduce del texto. Y a mí personalmente me inquieta, entiendo que es un detalle excesivo, una conocida ya como «rigolada» con la cual trata al espectador como infantil. Es decir, ¿no se puede ser más sutil a la hora de explicitar las referencias actuales? ¿Es que no podemos ver solos los múltiples paralelismos que ofrece el texto con el contexto actual? Caius Marcio es un general romano que después de salir victorioso de una batalla contra los bárbaros y ser considerado un héroe es condecorado y premiado con el cargo de cónsul. Pero los tribunos creen que Coriolano es un hombre con ansias de poder que coartará las libertades del pueblo al cual representan. Es así como logran iniciar una revuelta contra él que culmina con su destierro. A partir de aquí empieza la venganza del general. Así, esta es a grandes trazos el argumento de la obra, y con este ya se entiende la relación entre los tribunos (¿los medios de comunicación actualmente?) y el general, héroe de guerra (un político, un nuevo valor). Por  tanto, de todo lo que se ve y se escucha, se entiende que de lo que se habla es de la manipulación. Y se comprende con el texto y con el juego de los actores dirigiéndose al público como el pueblo de Roma. No es necesario esta DEMOCRACY para resaltar las connotaciones políticas. Y aunque era bonito ver la disposición de los actores, no llegué a entender la otra «rigolada» de hacerles cantar a los actores la canción Five Years de David Bowie en el mismo momento en que gira el brazo.

Pero el genio, que tiene sus excentricidades, hace un trabajo encomiable para adaptar el texto original a esta época donde imperan las feroces recortadas. Y éste hace lo propio con Coriolà: recorta el texto y de tres horas pasa a casi una hora y media de duración y de los 24 personajes solo deja 8. Al reducir el texto, con la ayuda del gran traductor Joan Sellent, Rigola escoge y focaliza su atención en el conflicto de Coriolano con los representantes del pueblo y sus posteriores consecuencias. Y por el camino borra de un plumazo a los senadores y a su principal enemigo en la batalla, Aufidi. Pero los recortes funcionan, se sigue la historia aunque, sin conocer el texto de antemano, uno si que notó algunos cables sueltos, como el enfrentamiento entre los tribunos y Coriolano por el caso del trigo o el peso real de los senadores romanos en este  conflicto. Así el recorte, que el propio Rigola admite como voluntad artística pero también ética, logra quitar densidad y depurar las líneas narrativas reduciéndolas a una sola.

Ha quedado bien claro cuál es el fondo que el director quiere destacar, pero no por eso descuida las batallas. En la primera parte Caius Marcio se enfrenta a los volscos y en una gesta que pasará a los anales de la historia conquista Corioli. Rigola, interesado en dar una relación afectiva al texto, con lo plástico y la fotografía decide dotar de los actores que batallan de guantes de boxeo rojos para luchar y golpear al enemigo (invisible), pero no solo eso sino que coreografía una lluvia de estos guantes dando la fuerza que requiere esta escena. Pero donde el director catalán acierta más en la composición fotográfica es sin duda en la segunda parte cuando Coriolano, aliado ahora con los bárbaros volscos, hace la guerra a las puertas de Roma. Es cuando todos los actores empuñan sus espadas de madera y al unísono repiten hasta la extenuación una coreografía de movimientos talmente como si estuvieran batallando. Mientras, Joan Carreras (Coriolano) habla con el lugarteniente de Aufidi (Aina Calpé), y al terminar se suma a la coreografía para dejar que sea Meneni (Oriol Guinart) quien descanse para recibir las noticias del lugarteniente, para después seguir con sus ejercicios y pasar el diálogo a otro compañero. Una secuencia realmente muy bella que termina con los actores jadeando, pero sin perder la respiración ni la intensidad para seguir recitando su texto. Y es que los actores, todos ellos, están muy bien, intensos y elegantes con sus trajes y su camisas.

Coriolà de William Shakespeare
Dirección y adaptación libre de Àlex Rigola
Interpretación a cargo de Mercé Arànega, Aina Calpé, Alícia Pérez, Joan carreras, Oriol Guinart, Jordi Puig «Kai», Santi Ricart y Marc Rodríguez.
Escenografía por Max Glaenzel 

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