Crítica de 'Concha: Yo lo que quiero es bailar' - Masteatro

Crítica de ‘Concha: Yo lo que quiero es bailar’

HURACAN VELASCO

Y con ella llegó el escándalo: escándalo escénico de este genuino animal carnívoro, esta Concha nuestra que sigue demostrando, tras décadas de cine, teatro y televisión, que su matriz se llama Teatro. Y con su show -ideado para que este canto sea legendario, la Velasco se pone las tablas por montera una vez más y deja claro que lo suyo es el riesgo y la perseverancia, amén. Y nos lo presenta en Broadway style, un Broadway castizo, chulapón, con verbigracia original; con el mismo duende con el que la recuerdo yo cantando a lo ye-ye por la Gran Vía madrileña como si la hubiera diseñado ella misma. Y con vestuario insinuante, calzado chic, carmín reluciente y relatando su vivir en primera persona, su plegaria crece. Valoro ese saber reírse de sus calamidades, de sus excesos. A la Velasco, como buena cómica de la legua, le preocupa su memoria, lo que vaya a quedar de ella, lo que se pueda dejar sin hacer y, que lo que haya hecho, se subraye en condiciones. Para ello Concha corre su propio maratón dramatúrgico y nos rememora con elegante melancolía, mordiendo con su boca llena de esa sonrisa ©conchavelasco, avatares y episodios, chistes y versos límpidos -sacros, profanos y citas- su ir y venir que, en cierto modo, no es más que un retal imprescindible de la historia de nuestros cómicos españoles.

Su historia ya la sabemos, aunque llama la atención cómo aun así, la batuta de José María Pou la ha remasterizado y refrescado tanto que -siendo uno del 70- sabe a gloria. El acierto radica en que parece que Concha se lo esté contando a uno en un tête-à-tête exclusivo. Establece una suerte de diálogo televisivo/ monólogo clubdelacomedia con caché, pero sin dejar al espectador de su mano. Pinceladas de su popurrí de siempre; sus dardos que apuntan adonde le interesa -la Academia de Cine, los métodos interpretativos de hoy en día, su diatriba perenne entre amar/ser amada, los hombres… aunque lanzados por ella se convierten en chascarrillos, en broma amable, en cuadro cómico, en ironía doméstica enfundada en una puesta en escena la cual -para tratarse de lo que se trata- sorprende y enaltece el discurso de la actriz.

Todo medido y mimado donde a veces lo improvisado -si existe- resulta cabal. Sus músicos, que arropan a la Velasco a lo Minelli, entonan un “Hello Dolly” a capella que deja al Lope a punto de caramelo para metérselo en su bolso el cual le sirve para sentarse a nuestro lado y comentar su día a día en plan sainete, porque ella sabe que es lo que nos gusta, verla exultante -ese es el tono imperante durante dos horas- al 100% a sus 72 años que no se cansa de repetirlo a modo de estribillo vital-feroz.
Su erre que erre digno de escuela de arte dramático contemporáneo; sus trapisondas de camerino, sus trucos y tropezones; el haz y el envés de esta profesión que sólo algunas como ellas pueden atreverse a rubricar; sus lamentos que los deja a medio hacer a fin de transformarlos por arte de birlibirloque en el siguiente titular: tomar la vida en serio, es una tontería. Desnuda, abierta en canal, arrolladora: hay Concha para rato. Larga vida.

CONCHA: YO LO QUE QUIERO ES BAILAR
Intérprete: Concha Velasco
Músicos: Xavier Mestres, Tomàs Alcaide, Roger Conesa y Xavi Sánchez
Dirección y dramaturgia: José Mª Pou
Texto: Juan Carlos Rubio
Teatro Lope de Vega Sevilla hasta el 3 de junio

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