Crítica de 'Cerca del Miedo' - Masteatro
Cerca del miedo en la escalera de Jacob

Crítica de ‘Cerca del Miedo’

Cerca del miedo en la escalera de Jacob

El miedo es una sensación que se compone de otras muchas: temor, incertidumbre, pánico, aprensión, desconfianza, incomodidad…Muchas veces experimentamos esta emoción a través de una pantalla, pero en la obra “Cerca del miedo”, dirigida por David Goole e interpretada por Alejandro de la Vela y Zoraida Marín, yo lo he vivido de cerca, tan cerca, que casi he podido tocarlo. Y es que esta experiencia real y en vivo que la Factoría del Terror nos ha traído a Madrid ha conseguido con creces su objetivo: extrapolar este género al mundo del teatro.

Para conseguirlo, esta compañía fundada por la actriz protagonista, Zoraida Marín, lleva más de siete años trabajando con el género y ahora se representa en el mejor enclave posible para ser escenificado, un característico local llamado “La escalera de Jacob”, situado en el barrio de La Latina.

Junto al resto de asistentes nos dirigen a la parte baja del local hasta llegar al “escenario” en cuestión, iluminado sutilmente con una luz tenue y delicada. Pronto comienza la obra y, para mi sorpresa, los actores están a unos centímetros del público que, entre desconcertado y expectante, se prepara para ver dos escenas únicas de este incipiente género en España, más propias de las producciones cinematográficas que del teatro convencional y que han dado como resultado una especie de película de terror en vivo al más puro estilo de Saw, Rec o Hostel.

“Cerca del miedo” se compone de dos partes. La primera pieza, basada en un relato de Teo Rodríguez (Milenio 3), nos traslada al cine más clásico de terror, con una buena dosis de fenómenos paranormales, la habitación se convierte en un espacio inestable, con personajes veleidosos que nos hacen sumergirnos en un ambiente hostil y quebradizo. De pronto, lo que no se aprecia con los ojos se transforma en la clave de nuestro horror, para descubrir la evidencia: quizá sea eso lo que nos asuste, lo que no vemos, lo se que esconde en la oscuridad.

La segunda pieza revive el teatro del “Gran Guiñol”, un teatro de Francia de principios de siglo XX que se caracterizaba por ser muy oscuro y que fue considerado el padre del cine gore. Por aquel entonces el éxito de una obra se medía por el número de desmayos que había entre el público. Esta segunda parte busca precisamente esa idea de terror, y en definitiva, lo que intenta es revivir ese teatro para mostrarnos un miedo mucho más humano y realista, en el que lo que realmente causa temor y miedo es otro ser humano.

Como nexo de unión entre las piezas aparece un hombre curioso que, con un  sugerente monólogo, guía al público a través de interesantes reflexiones para finalmente dar paso a las piezas de terror teatrales.

Pero quién vaya a ver esta obra, más allá de asistir a un espectáculo que busca el socorrido grito o el susto fácil, se encontrará con una invitación a meditar sobre una gran multitud de cautivadoras ponderaciones como lo extraño del mundo de los sueños o lo difícil que resulta discernir a veces entre qué es real y qué no lo es.

La obra también convida a reconocer el miedo, una sensación completamente irracional, como el sentimiento más primario de la raza humana, porque ¿quién no ha sentido alguna vez, siendo adulto, el sobresalto que produce en un niño un estímulo intenso como el creado por un fuerte sonido?

Miedo al vacío, miedo a los fantasmas, miedo a sufrir…Miedo primario, en definitiva, y es que desde muy pequeños, antes incluso de dar nuestros primeros pasos, el miedo ya nos acompaña.

Estos 60 minutos de originalidad terrorífica discurren sin prisa en un viaje que nos traslada hacia lo desconcertante. Un camino que trata de hacernos volver a recordar los miedos del pasado para vivirlos de nuevo aún sabiendo que no son reales. Es entonces cuando nuestro cuerpo se paraliza, haciéndonos incapaces de enfrentarnos a nuestros monstruos.

“Cerca del miedo” posee una gran capacidad de evocación y consigue, gracias a la buena interpretación de los actores, que agudicemos nuestros sentidos para volver a escuchar el silencio. Es en ese momento cuando se manifiesta la magia de este particular teatro: unos segundos de oscuridad y automáticamente entramos en un mundo completamente distinto. Algo que, por otro lado, no debe ser nada fácil de conseguir en los tiempos que corren ya que parece que con la vida moderna no es fácil asustarse de una ficción. Después de todo, quizás sea cierto aquello de que, con el tiempo, nos hemos endurecido demasiado.  He aquí donde reside el mérito de esta producción, pues sabes que no va a pasar nada pero te contagias de las emociones de los actores, te dejas llevar, sientes lo que ellos sienten y al final, temes lo que ellos temen.

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