Crítica de Cels - Masteatro

Crítica de Cels

Hay que decirlo alto y claro, Wajdi Mouawad es el autor que mejor escribe sobre la Guerra. El concepto de la guerra viene asociado a la historia de la humanidad. Vivimos sobre una tierra manchada de sangre des de tiempos inmemoriable y el autor libanés, exiliado del Líbano al Quebec, así lo ha querido remarcar en la tetralogía Le sang des promesses (Forêts,Littoral,Incendies,Ciels). En Barcelona triumfaron Litoral y Incendis. Ahora le toca el turno a la última,  Cels, con producción de La perla29 y dirección de Oriol Broggi (responsables de la contundente Incendis). Nudo en la garganta, golpe en el estomago. Otra reflexión lúcida muy en boga con los acontecimientos políticos de los últimos tiempos. Conspiraciones, paranoia, thriller con reflexiones de gran calado humano. La emoción y la tensión laten progresivamente hasta explotar en un final a contrarreloj, donde actores y espectadores terminan impactando con el suelo después de dos y cuarto de caída libre.

Sócrates es una organización secreta, oculta en un búnker, en medio de un bosque. En ella cuatro hombres y una mujer trabajan para desenmascarar una organización terrorista que des de hace tiempo está enviando mensajes encriptados entorno a un posible ataque con armas químicas. Nos encontramos pero en un momento grave. Uno de los hombres, el descifrador Valéry Masson se ha quitado la vida. En substitución de él llega Clément Szymanowsky, amigo y alumno de Masson quien ha requerido su presencia para que desentrañe el enigma que el propio suicida ha ocultado en su ordenador. El tiempo pero juega en su contra. Cinco personajes encerrados, aislados de la sociedad, con posibilidad de contacto solamente con sus seres queridos mediante teléfono o skype, pero sin poder decir ni pío de lo que allá acontece. Cinco héroes encerrados que tienen la misión de frustrar un posible atentado a escala mundial.

Todo oscuro, solamente se ve el escenario. Una mesa alargada con papeles y ordenadores, una pared que funciona como proyector de imágenes. También unas estatuas, vestigios de un jardín frío e inerte. Y cinco bancos con sus televisores que representan las habitaciones. Y unas voces que inundan el espacio con mensajes, frases inconexas que se escupen, lo que el Gran Hermano escucha y analiza. Cinco minutos siendo acribillados, agobiados, alterados y sin poder asimilar toda la información que se nos proporciona. Aunque hay una frase que queda, si un hombre mata un hombre es un hijo que mata un hijo. Frases contundentes que no solo contextualizan la filosofía de la guerra si no que entrañan el sentido final del enigma. Inmediatamente, aparecen en escena Blaise Centier y Clément Szymanowsky. El primero es el jefe de operaciones quien le recuerda al recién llegado que allí no importa nada quienes son, que vida han tenido, que problemas tienen con el mundo exterior. Allí están para trabajar por la misión, no tiene ninguna importancia los aspectos más emocionales y humanos, son científicos. Nada más lejos que la realidad y a medida que se va desarrollando la trama, entendemos que la solución para evitar la catástrofe están en sus vinculaciones personales, sus relaciones entre ellos y con el mundo exterior. Porque vivimos en un mundo donde las experiencia vitales, los recuerdos personales, pero por encima de todo los traumas de nuestra historia condicionan cualquiera ecuación matemática. La belleza, el arte y la poesía son instrumentos para la destrucción con la complicidad de las mentes obtusas de los grandes dirigentes. Y ahora recuerda este servidor otra frase, otro mantra del principio. Nos escucháis, pero no nos sentís; nos veis, pero no nos comprendéis.

El equipo de La Perla29 tiene una serie de fieles escuderos a cargo de la actuación que repiten en muchos de sus montajes y en este no es ninguna excepción. Son Xavier Boada, Xavier Ricart, Màrcia Cisteró i Ernest Villegas quienes junto con Eduard Farelo, nuevo en la compañía, sufren y sienten el peso de las palabras de Mouawad. Pero es sin duda Farelo quien defiende el protagonista que más peso tiene, Szymanowsky, apocado al principio termina ofreciendo los alegatos más contundentes para erigirse como el portavoz para la salvación. Pero no hay que obviar tampoco los monólogos de Cisteró ni su confesión. Al lado de estos actores de carne y hueso se multiplican otros en las pantallas, destacando los personajes de Valéry Masson (Carles Martínez), Victor Eliot Johns (Àlex López) y Enric Auquer (Anatole Masson).

Para transmitir todas estas sensaciones Broggi y su equipo ofrecen un espacio aséptico, blanco nuclear, alternándose con tonos y colores más azules o más arenosos depende de la intensidad del momento. El espacio está inundado de pantallas para ofrecer múltiples puntos de vista y dar esta sensación mareante que se desprende del Gran Hermano.

El texto de Mouawad es tan sobresaliente, tan duro es el alegato como visionario. No denuncia el sistema de escuchas, da por hecho el control tecnológico que se ejerce a la sociedad. Todos somos parte del juego, y unos, los controladores y otros, los controlados, usamos el Gran Hermano para cambiar la historia de la humanidad. A algunos no les hará gracia que este autor sea tan lúcido y clarividente en su denuncia. Bueno, de hecho a nadie le puede hacer ninguna gracia. Juega con la ficción para tejer reflejos de una realidad que está punto de explotarnos ante nuestras narices. Si es que no ha sucedido ya.

 

Cels de Wajdi Mouawad

Dirigida por Oriol Broggi

Interpretada por Eduard Farelo, Màrcia Cisteró, Xavier Boada, Xavier Ricart, Ernest Villegas y otros.

Drama político sobre la Guerra.

Des del 18 de junio en la Biblioteca de Catalunya.

 

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