Crítica de 'Burundanga' en el Teatre Villaroel - Masteatro

Crítica de ‘Burundanga’ en el Teatre Villaroel

La Villaroel sigue con su política de programar textos de autoría contemporánea y autóctona. Si el año pasado se representó Íncubo o Desclassificats, este año se ha mostrado L’any que ve serà millor i Res no tornarà a ser com abans. I ahora Burundanga, la nueva comedia de Jordi Galcerán, el autor vivo catalán más representado en todo el mundo gracias al éxito de El método Gronhölm. Y con Burundanga ha vuelto a dar en el clavo. Después de una fantástica acogida en Madrid (aún en cartel), la obra se presentó durante unos días en la pequeña sala Flyhard, propiedad de Jordi Casanovas, dramaturgo y director, encargado de la dirección de este texto. Pero esta obra necesita de un espacio grande para llenarlo noche tras noche. Además, Galcerán es uno de las nominados a los XV Premios Max 2012 y al VI Premio Valle-Inclán 2012.

Burundanga es en su esencia una comedia romántica, una comedia de líos, pero con un tema que poco tiene de romántico, el terrorismo de ETA. Galcerán, viejo zorro, tiene el sentido del ritmo a la sangre y tras unos momentos para introducir los personajes y el conflicto inicial la historia se sucede ágilmente gracias a unos diálogos llenos de equívocos y de medias verdades. Precisamente la Verdad como figura dramaturga tiene mucho que ver con este texto. Burundanga es una droga que al tomarla diluida en líquido te hace perder la noción del tiempo y del espacio y te obliga a estar al servicio de aquellos que te la han proporcionado (por eso es la droga con que violan a muchas mujeres en Sudamérica) y en consecuencia, si te preguntan sobre cualquier cosa, de tu boca solo saldrá que la verdad, pura y dura.

Así, Sílvia convence a Berta que use la droga de la verdad con su novio para así sonsacarle todo lo que necesita para saber si realmente la quiere ahora que acaba de descubrir que está embarazada de él. Así cuando llega Manel para pasar una plácida tarde de sofá y peli ella le administrará el compuesto disuelto en una cerveza que acabará por descubrir una verdad mucho más inesperada y de consecuencias inesperadas. Y es que Manel, ese novio amable esconde un secreto que la pobre Berta no puede aceptar: es de la ETA. Y para más INRI, al cabo de poco se presenta Gorka, un colega vasco de la organización que le ha pedido pasar a la acción, pero que en principio también viene a ver la peli. Con el miedo en el cuerpo, las dos chicas dudarán entre denunciar a los chicos o sacárselos de encima sin que descubran que ellas saben lo que saben. Vaya que el lío está montado, pero esto es solo el principio. Galcerán sabe que para montar bien una buena comedia, cuantos más líos mejor, siempre pero que quede más o menos creíble, que nada sea porque sí. Y en esta historia toda acción conlleva una reacción normal, toda relación está clara y justificada.

Así pues el texto cumple lo que se espera de él, gracia, ritmo y giros naturales que sorprenden al espectador. Con tal texto pues la dirección se limita a respetar o incrementar el ritmo que ya tiene la historia y Jordi Casanovas, aunque de edad joven, ya tiene suficiente bagaje como para dirigir la obra de Galcerán. Bien que las historias de Casanovas aún con una pátina de humor, son normalmente historias con un poso más dramático y misterioso, pero al servicio de la comedia o del Thriller, siempre ha sabido dar a sus actores las órdenes adecuadas para con la interpretación de sus personajes y  los movimientos en el escenario. Bien cabe decir que en este caso se ha llevado su compañía al completo a la Villarroel, con quienes ya lleva unos cuantos años trabajando. Así pues las dinámicas de trabajo son ya mecánicas. Esta no es una obra de personajes, pero aún así los actores ofrecen su mejor cara en concreto Roser Blanch, la novia embarazada quien se debate entre el amor hacia su novio y el deber moral y ciudadano pero sin ser bobalicona ni llorona. Por otro lado, no me convencen los tics nerviosos de Clara Cols (Sílvia) del principio de la obra que también me ponían nervioso. Creo que para componer un personaje nervioso como el de Sílvia no hace falta exagerarlo tanto y de hecho esos tics se suavizan a lo largo de la obra, refloreciendo solamente en momentos puntuales de cierta tensión. Es probablemente el aspecto de dirección que me sorprendió más y que no compré.

Así mediante la Verdad, Jordi Galcerán ha levantado una nueva comedia que logra plantar cara a ETA y que ha logrado otra vez la misma valoración para público y crítica. Cabe decir que el momento actual con la banda disuelta probablemente se digiere mejor una comedia romántica, ácida y que trata a los terroristas como unos estúpidos idealistas que no saben ni liar la o con un canuto. La ETA y la escopolamina, conocida como Burundanga, dos conceptos dispares que Galcerán mezcla para demostrar el amor de un hombre a una mujer. A veces solo falta una buena idea, aunque parezca descabellada y hasta mal entendida para depende quien. Pero la comedia bien tiene que servir para sacar dramatismo o ridiculizar situaciones reales que la sociedad de nuestro país vive (o ha vivido) con angustia.

Burundanga de Jordi Galcerán
Dirección: Jordi casanovas.
Intérpretes: Clara Cols, Roser Blanch, Sergio Matamala, Pablo Lammers y Carles Canut.
Escenografía: Sebastià Brossa i Eli Pérez.

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