Crítica de Bluf - Masteatro
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Crítica de Bluf

La troupe de La Calòrica sigue esgrimiendo el humor inteligente y la crítica social como principales argumentos para ir conquistando las plateas de los teatros de Barcelona. Joan Yago ya hace unos años que se perfila como un joven con voz propia y a su lado Israel Solá saca petróleo de cada escena que su autor escribe gracias a una compañía regular de jóvenes actores. Ahora hablan de la crisis, de gente sin trabajo, sin futuro y con los miedos propios de nuestros aciagos tiempos. Todo bajo una estructura de vidas cruzadas y distintos apuntes que huyen del realismo para aproximarse a la extravagancia.

Bluf ganó el pasado Premi Quim Masó 2014 y ya se estrenó en el pasado Grec 2015 y ahora tenemos la suerte de verlo programado en la Beckett. Su inicio ya nos muestra el primer indicio de que por allí desfilarán personajes con ciertas taras. Sea por Ninot, un hombre con sólo cuatro dedos en cada pie, por Ruth, una joven recién desempleada que sueña con hacer lo que realmente le gusta, por Olga López, la prometida de Ninot, insatisfecha y con ansias de irse a ver mundo o por las dos moteras, Poni, atracadora de tres al cuarto sin escrúpulos y Conxa, su compinche con arrebatos a lo Thelma y Louise. Y otros personajes que van hundiéndose en la miseria entre ellos.

Y una abeja. Sí, hay que salirse de la tangente, dar una muestra de extrañeza en un mundo con tan poco sentido como que una abeja dirija una gran empresa y que esta misma se vea luego abocada a la ruina total por una inspección fiscal. Yago traza una historia con personajes trazados desde la cotidianidad y el realismo pero les introduce en medio elementos disruptivos con un sentido metafórico e irónico. Allí está la abeja (llegada de Florida?), la niña con patines (cuando las decisiones más importantes pueden ser las más triviales) o el encargado de una sala de espectáculos (Freddie Mercury rompiendo, con el sonido de un móvil, la cuarta pared). Pero sea en estos y en los otros, todos se preguntan (bueno, mejor son preguntados) sobre cómo alcanzar la felicidad. Yago les muestra el camino, pero estos ahogados por sus propios miedos e inseguridades (las de todos) no saben que decidir. Porque a veces una (in)decisión es un grito a pleno pulmón.

Lo bueno de La Calórica además es la conjunción de todos sus actores, su equilibrio total. Todos tienen sus momentos de gloria, cantan, bailan y representan cada uno su propio trastorno, su inadaptación. Violencia, desesperanza, humillación e insatisfacción. Pero todo tratado con humor e inteligencia.

 

Bluf de Joan Yago y La Calòrica.

Dirigida por Israel Solá.

Interpretada por Xavi Francés, Aitor Galisteo Rocher, Júlia Truyol, Esther López i Marc Rius.

Comedia sobre la insatisfacción contemporánea.

Hasta el 11 de octubre de 2015 en la Sala Beckett.

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