Crítica de 'Babel' - Masteatro
Babel

Crítica de ‘Babel’

Babel

Españoles, el teatro ha muerto.

Concebido como un símbolo clásico, como forma de arte que se erige sobre el escenario, el teatro lleva muriendo ya un tiempo, pero lo que es morir, en el sentido más estricto del término, tiene más bien un significado positivo, ya que implica que la versión más clásica del teatro pasa a evaporarse dulcemente para dar paso a un teatro nuevo, lleno de técnicas y fusionado con diferentes estilos para ver nacer un género nuevo que mezcla recursos del cine y de la televisión y que da lugar a un nuevo producto: el teatro-fusión (el término lo acuño yo).

Algo está pasando en el mundo del teatro que ha hecho que muchos directores se animen a explorar mundos nuevos, con la innovación como bandera, para satisfacer a un público diferente y cada vez más masivo, mucho menos clásico de lo convencional.

No, señoras de más de 65 años con problemas de audición, sordera o miopías varias, esta obra no es para ustedes. Las nuevas técnicas incorporadas responden de manera lógica al evolucionar de los tiempos y esta obra en particular, ha sido concebida para sorprender y para demostrar a todos y a todas cómo funciona el nuevo mundo.

A estas alturas del concurso, claro que hay muchos que pueden preguntarse ¿qué ha pasado con el teatro de siempre? O dicho de otro modo, ¿se ha perdido la esencia del teatro? Yo diría que no. Está claro que para un público mayoritario esta obra puede resultar un “tostón”. De hecho fueron varias las personas que dejaron patente su opinión asegurando “a lengua suelta” no haberse enterado de nada.

Así, durante y después de la obra expresaron su opinión sin ningún tipo de discreción ni reparo al grito de “menudo aburrimiento ¿no?”. Pues yo diría que no, para mí son ellas las aburridas y las que se equivocan, no yo, al afirmar que la obra ha resultado ser una bendición absoluta y un ejemplo genuino del talento bien aprovechado de estos 4 actores.

Me ha encantado comprobar  cómo Aitana Sánchez Gijón se hace mayor en un alarde categórico de juventud y plenitud femenina. Eso sí, para hacer de “beoda”  y resultar creíble todavía le falta un rato.

No quiero destacar ningún actor más porque prefiero centrarme en la trama de este obra apasionante y comentar ciertas cosas que debes saber para poder entender la historia de la obra.

Babel, he aquí otra obra mosaico. Sí, puede que más propia del cine o la televisión que del teatro, pero ya os advertí que al teatro clásico hay que darle una vuelta de tuerca y empezar a entender que vamos a ver otra cosas. Esta representación está articulada en función del apareamiento narrativo entre diversos personajes cuyas respectivas sub-tramas acaban cuajando en un gran fresco dramático, dentro del cuál, todo cumple una función de causa y/o efecto en el diseño global.

En realidad Babel es más eso, y no un thriller pese a su empaquetado estético promocional: una obra alrededor de las relaciones oblicuas y en buena parte secretas, entre un ramillete de personajes, cuya construcción psicológica y emocional, resulta con mucho, lo más jugoso de la obra. Poco suspense y recursos de género se mezclan en una obra soberbiamente interpretada y hasta con una realización más allá de la competencia, la cinta quizá se resienta, a la postre, de algo tan difuso como no tener una autoconciencia lo bastante nítida de lo que es y quiere ser.

Un policía desalmado, una psicoanalista con tintes esquizofrénicos, una rubia muy poco legal y un acosador escribecartas son sólo algunos de las personalidades disparatadas que comparten un mismo denominador común: la capacidad para el autoengaño.

Para los que le gusten los personajes sólidos. Lo mejor: el irreprochable trabajo actoral. Lo peor: su peligrosa tendencia a la dinámica de partículas.

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