Crítica de 'Avner the Eccentric' - Masteatro
Avner the Eccentric

Crítica de ‘Avner the Eccentric’

Avner the Eccentric

Nunca un gorro fue tan impertinente y una escalera metálica tan ligera como para hacer malabares con ella. Pero en el nuevo espectáculo del Teatro Alfil, Avner the Eccentric, el payaso malabarista o no se sabe muy bien el qué hace que todo sea posible, él consigue desquiciar a los presentes en lo que bien podría haberse llamado “público al borde de un ataque de nervios” o de risa.

Avner es un clown norteamericano que estudió en los años 70 con el mítico Jacques Lecoq en París y que después volvió a Norteamerica, donde reside actualmente en una isla de la costa de Maine, aunque está actuando e impartiendo clases por todo el mundo durante todo el año.

De la mano de Yllana ahora llega a Madrid para hacer las delicias de los asistentes, en el que grandes y pequeños, disfrutan por igual.

Viendo su espectáculo no es extraño pensar ¿Es un mago o un acróbata? ¿Es un malabarista o un funambulista? O mejor, ¿es un payaso? Desde luego lo que sí está asegurado con este humorista son las risas, en su mayoría flojas, a lo largo de todo el tiempo que dura la obra. El gran maestro Avner Eisenberg hace malabares con bates de beisbol, cajas de palomitas y todo lo que pille. Aunque quizás sea un payaso porque tiene una nariz roja y hace tonterías como escupir agua y casi comerse la misma escalera metálica con la que en otrora hacía malabares.

La verdad es que parece increible a la vez que difícil poder transmitir tanto en una función sin nisiquiera abrir la boca para decir una palabra. Un comediante, un mimo o un bailarín, pero ante todo, un artista de los pies a la cabeza.

Con razón Avner the Eccentric es considerado como uno de los más grandes clowns de todos los tiempos. Él hace que las cosas más complicadas parezcan sencillas y que las cosas sencillas parezcan imposibles. Toda una joya teatral que me ha hecho reír hasta la saciedad con su increíble ingenio y su agilidad humorística.

Avner nos invita a acompañarle en un viaje donde el buen humor y las risas son protagonistas. En su trabajo hay algo de todo, él aprovecha habilidades que no están conectadas con el clown, como son el Aikido, la hipnosis y la Programación NeuroLingüística, para finalmente conectar con el público, que se rinde a sus pies y que se convierte sin esfuerzo en otro instrumento en su mano.

Su carácter tierno a la vez que torpe, unido a la combinación prodigiosa de todas sus técnicas, le permite a Avner alcanzar una complicidad con el público que no había visto jamás en otro espectáculo de este tipo, realmente la gente disfruta, yo he salido de esta obra encantada, y con un sólo propósito: recomendar este espectáculo.

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