Crítica de Atraco, paliza y muerte en Agbanaspach
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Crítica de Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach

Fin de ciclo en el Teatre Nacional de Catalunya. Sergi Belbel se va después de haber trabajado muy bien en la dirección artística del teatro. Una de sus obras magnas ha sido impulsar la creatividad y el talento local gracias a este ciclo de obras que es el T6. O era? Hoy por hoy no se sabe si el proyecto de dar la voz a nuevos dramaturgos catalanes seguirá en pie el próximo año. Así que contemplemos Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach como la última obra salida de este ciclo. Y siendo así celebremos con humor, con una mirada joven y transgresora esta gamberrada meta teatral de Nao Albet y Marcel Borràs.

Al más honorable de los asistentes al TNC, a este señor que ha disfrutado más con los textos clásicos (grandes textos eso sí) como Barcelona o La Bête, este atraco le producirá más de un fruncido de ceño. Y eso es probablemente el mejor elogio que se le puede dar a sus autores, pues seguramente buscan inconscientemente el trastorno, por no decir la indignación de este venerable público. Estos dos chicos de 23 años son actores con un currículum más que interesante y con algunas obras escitas y dirigidas al alimón que les ha dado su merecida fama de enfants terribles. En esta nueva obra hacen uso de esta etiqueta para escribir una aventura teatral de dos jóvenes (los propios Albet y Borràs) que reciben el encargo de un popular productor teatral ruso, Boris Kasinski, para escribir una obra para el teatro que va a su nombre. Los dos imaginan y proyectan en el escenario como va la obra pero hay algo que falla, todo es muy artificial, hay que buscar más la verdad, el realismo. A priori este argumento recordaba a otro texto presentado en el T6, el t-ERROR de Jordi Oriol, una obra en que un dramaturgo vivía la angustia de la hoja en blanco cuando se le daba el encargo de escribir una obra para el TNC. Puntos de partida parecidos, pero el camino trazado, aunque los dos juegan al meta teatro, son distintos. Albet y Borràs son más enigmáticos y buscan siempre la transgresión, a veces pasándose de rosca y añadiendo momentos donde uno se pregunta que es lo que realmente está sucediendo allí. La perplejidad constante vaya.

Este atraco pero juega a la reflexión. En ella se dan varias cuestiones, cual es la función del teatro? Si ha de imitar la vida o tiene que ser la vida propia? Cuales son los límites entre la ficción y la realidad? Donde se esconde el verdadero arte? Qué función juega el teatro para los artistas y el público?,… todas estas reflexiones se plantean en voz alta alrededor de un texto que se va formando poco a poco. Y en eso tiene la clave la aparición de una actriz rusa reproductivista (Laia Costa) que persigue en todo momento la verdad más pura en el teatro y quien decide ayudarles con la condición de cambiar lo escrito y hacerlo más vivencial. Si se hace una obra sobre un atraco a un banco, vayamos a atracarlo. Así pues, los autores dan una vuelta de tuerca más al invadir el espacio de lo que antes veíamos como una ficción para hacerlo real, una realidad que a la par escribe el guion. Una genialidad muy en la línea de Spike Jonze y su aclamada película Como ser John Malkovich. Sin duda los referentes cinematográficos les sirven de materia prima para moldear su texto, así se incluye en el principio un atraco con doblaje muy a la americana, violencia, máscaras de animales, disparos y un final antológico formado por distintos giros, un poco liantes y mejorables pero que contemplan la aparición estelar de un nuevo personaje.

A lo largo de la obra los autores proponen distintos anagramas para cambiar la realidad del texto que están escribiendo. las letras se cambian, forman una nueva palabra y todo cobra otro sentido. Pero el gran anagrama está en el nombre de uno de los actores del elenco del cual se le desconoce la cara, Gil Brebelés. Este actor no es otro que Sergi Belbel, el director artístico quien se despide así de su gente, des de el escenario. Sin duda esta aparición tiene mucho de simbólico y más de uno le puede dar jocosas interpretaciones al descubrir el rol que se le da en el texto. Además, Albet y Borràs le dan la posibilidad de acabar de la mejor manera, en brazos de la soprano Alina Furman, mientras esta le canta O mio babbino caro.

Buena manera de terminar la temporada querido Gil/Sergi. Con una obra bromista, delirante reflexión sobre el teatro dentro del teatro con un buen elenco y una imponente escenografía (el TNC obliga). Albet y Borràs crean su propio Agbanäspach, un sitio donde encuentran «la libertad, sentirse bien con todo lo que te rodea, en el momento entre el sueño y la vigilia».

 

 Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach de Nao Albet y Marcel Borràs. 

Dirigida por Nao Albet y Marcel Borràs. 

Interpretada por Nao Albet, Marcel Borràs, Gil Brebelés, Òscar Castellví, Laia Costa, Alina Furman, Oriol Genís, Francesca Piñón y David Vert. 

Comedia delirante meta teatral. 

Hasta el 30 de junio en el Teatro Nacional de Catalunya. 

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