Crítica de "Ciutat de vidre" - Masteatro
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Crítica de “Ciutat de vidre”

Aunque ya llevan 8 años de trayectoria y más de una decena de producciones, muchos fuimos los que conocimos la compañía Obskené con su laureada (e incluso “maxeada”) Fuenteovejuna, breve tratado de las ovejas domésticas. Y muchos somos los que corrimos al Mercat de les Flors cuando nos enteramos de que allí presentaban nuevo montaje bajo el paraguas del Grec.

En aquella ocasión se atrevieron a intervenir el texto de Lope de Vega y a enseñarnos por qué los clásicos siguen siendo vigentes hoy en día. Pero no hicieron una simple translación de las palabras a la estética actual, sino que fueron más allá. Removieron la estructura  y la rellenaron de momentos magnéticos de creación propia que acercaban la historia a un lenguaje muy actual sin perder con él la poética. Con vestuario muy neutro y sin prácticamente escenografía, ofrecieron un trabajo enérgico y muy atrevido. Una valiente demostración de creatividad, juventud e innovación. Tal y cómo ellos mismos definen su trabajo, fue una apuesta obscena, descarada y contemporánea. No es extraño que las expectativas para su nuevo proyecto fueran grandes.

Ciutat de vidre  parte de la novela gráfica homónima creada por David Mazzuchelli y Paul Karasik. A su vez, esta se basa en la también homónima novela de Paul Auster, una de las tres componentes de la llamada Trilogía de Nueva York. La gracia del montaje dirigido por Ricard Soler i Mallol reside en la combinación del teatro con proyecciones con estética de cómic. Lo que es una muy buena premisa, se desarrolla sin embargo de forma irregular.

Acompañamos al protagonista, un trágico escritor al que confunden con un detective, en una investigación a la que llega por error. Después de muchos giros extraños y cada vez más increíbles, la trama desemboca en un final abrupto y muy abierto que nos deja con ganas de alguna explicación mayor. Aunque se parte de un planteamiento detectivesco, el trasfondo es una reflexión sobre, en palabras de la compañía, “la disolución del sujeto y el existencialismo”. Olvidémonos por tanto del clásico thriller negro en la que el mayor logro es descubrir la identidad del asesino. Aquí la identidad, aunque adornada con clásicas gabardinas, juega un papel mucho más filosófico. Vayamos advertidos para no salir con la sensación de que salimos engañados: la conseguida puesta en escena creada por las proyecciones de Adrià Pinar y Mònica Bofill solo es el relleno –¿necesario?- de una historia mucho más compleja y rocambolesca.

Solamente tres actores de interpretaciones no demasiado sobresalientes encarnan los distintos personajes. Les falta seguridad, quizá achacada a la falta de recorrido propia de un estreno. El más destacable de los mismos es Francesc Ferrer, a quien hemos podido ver recientemente en Infàmia, quien asume con cierta naturalidad los papeles más complicados de víctima y verdugo trastornados.

En general, el montaje ganador del Premio Adrià Gual 2015 al mejor proyecto de escenificación, se queda en flojo pese a la buena puesta en escena. Una historia más mental que física en la que los  actores  todavía no se encuentran lo suficientemente cómodos. Sabemos que la compañía está trabajando en un nuevo montaje de gran formato que se estrenará en Fira Tàrrega. Quizás por eso no le han podido dedicar a este el tiempo y la naturalidad que debería. Tocará pues seguir pendientes de su evolución.

Ciutat de vidre de Paul Auster, David Mazzuchelli y Paul Karasik.

Cia. Obskené

Interpretada por Joan Arqué, Francesc Ferrer i Nuri Santaló.

Mercat de les Flors, Festival Grec 2016

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