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Crítica de “El caballero de Olmedo” de Lope de Vega.

 

EL CABALLERO DE OLMEDO de Lope de Vega

Dirección y versión: Eduardo Vasco.

Noviembre Teatro.

Reparto: Daniel Albaladejo, Arturo Querejeta, Fernando Sendino, Rafael Ortiz, Isabel Rodes, Elena Rayos, José Vicente Ramos, Charo Amador y Antonio de Clos.

Teatro de la Comedia. Madrid, 14 de marzo de 2018

FUNERAL BLUES

por Carlos Herrera Carmona

    Pureza, luto y chispa. Esta trío de nominativos bien podría sintetizar tanto la versión como la puesta en escena que Vasco ofrece de la tragicomedia de Lope. La caja escénica, apenas engalanada salvo por un biombo gigante que gira como la rueda de la Fortuna lo hace con los personajes a modo de títeres, amplifica en su oscuro y en sus sombras la belleza del verso y por ende, sus retruécanos y su mensaje.

    Lope nos va a hablar de Amor con mayúsculas, de cómo se castigan las malas artes para conquistar y ser conquistado, de la envidia y de los celos, de los lances y, cómo no, de  honor y de honra, pues apelando a él sin perder un segundo, así comienza el Fénix su obra. Dentro de los cánones que la época manda, y, si me lo permiten, aprieta y encorseta, el montaje, austero y conciso, queda dentro de lo ortodoxo salvo por algún ribete que enlaza con nuestro presente como espectador tales como la guitarra, ora romántica, ora rockera, guiños a nuestra España cañí, como el tarareo y baile simpático de Tello con su amo (acercamientos, vínculos -siempre de agradecer- con nuestra cotidianidad) y una rotura de la cuarta pared y la típica invasión del patio de butacas. Como apunto arriba, ortodoxia, verso limpio y claro, despojado de entorpecimientos y retóricas, a veces insalvable y nada que sorprenda o que se recuerde de dicha apuesta.

     No hay exceso ni exorno. La propuesta queda pues en un terreno para nada comprometido y mucho menos arriesgado. Tal vez se deba a la tonalidad fúnebre, áspera que se le ha querido imprimir a la pieza. Queda patente el referente que el propio Lope establece con La Celestina en el personaje de Fabia, buhonera, trapalona y hechicera -todo salvado como muy de puntillas; la burla del autor al clero hipócrita y la opción religiosa como la otra salida para la dama de la época si no es pedida en matrimonio. Ambos factores hacían reír y sonreír al respetable.

     La representación se desenvuelve al ritmo de verso y de acordes de guitarra así como la propia acción que ya viene dada por el autor. Correcto el elenco en sus interpretaciones y y un final abrupto enlazado con salutación final que se llevó los vítores y los aplausos del público en el ensayo general al que tuve el placer de asistir.

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