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Crítica de Barcelona (contra la paret) - Masteatro

Crítica de Barcelona (contra la paret)

En Barcelona estamos de fiesta mayor. Celebremos pues que es una ciudad que dista mucho de ser la más ideal, la más pacífica, la más justa, la más humana. Pero los que vivimos en ella nos la queremos mucho. Orgullo de ciudadanos. Bueno, mejor ciudadanos orgullosos, gallardos, quejicas, combatientes. Como Lali Alvárez García, la autora de Ragazzo, uno de los textos más impactantes de la temporada pasada y que ahora presenta junto con su compañía, LA PùBLICA, el reivindicativo texto de Barcelona (contra la paret) en el Antic Teatre después de cautivar las calles de Tàrrega en su festival de teatro.

Si bien l’Antic Teatre es el paladín de la programación más alternativa y underground de Barcelona, cabe decir que para vivir este texto en su máxima esencia se debería vivir en la calle y puestos a pedir, en un recorrido itinerante. Asistimos durante 90 minutos a un retrato moral y partidista de una Barcelona donde la disidencia es reprimida, silenciada y torturada. Ya hace muchos años que las voces más disidentes se hacen sentir y cíclicamente asistimos a numerosas movilizaciones ciudadanas. Y cada vez más, por Internet, por medios alternativos, se dan a conocer distintos sucesos en que ciudadanos barceloneses, disidentes, okupas, antisistema, han sufrido en sus carnes episodios de violencia policial. De Esther Quintana (quien, indirectamente, ya propició otro texto brillante, El rei borni de Marc Crehuet) a Patricia Heras (desafortunada protagonista del documental Ciutat Morta). Lali Alvárez se nutre de estas dos historias y muchas más para armar un texto que va a medio camino entre el teatro documental y el drama carcelario.

Subida en lo alto de una escalera, talmente como si fuera desde lo alto del monte de El Carmelo, una chica (Clara Garcés) nos habla de la Barcelona que ve, de la gente de los barrios, del mar que sigue siendo tranquilo y bello, el orgullo de vivir en una ciudad absolutamente imperfecta pero que la quiere con intensidad. Al terminar su relato y dar paso a un diálogo entre la otra chica y el chico, la primera se sube en un pequeño escenario rectangular anclado en la pared. De allí no se va a mover ya y nos irá narrando su miserable vida encerrada en esta celda, torturada física y psicológicamente hasta su desenlace. A su lado, los otros dos personajes, ahora en libertad pero que también han sido encerrados injustamente en el pasado por ser de una forma, por estar en medio de un altercado, por tener una estética, unos ideales. Por ser disidentes, sin actuar con violencia. Las reflexiones que nos brindan los tres protagonistas ayudan a despertar el pensamiento disidente que de alguna forma u otra todos tenemos en estos tiempos que corren. Pero me quedo con una reflexión producida por una espiral paranoica absolutamente comprensiva: “y si los policías, y si los poderosos, y si éstos que controlan el sistema, ya les va bien que se sepa que torturan, que somos víctimas sin justicia? ¿No es una manera de propagar aún más el miedo?” ¿Y desde esta reflexión me pregunto, no es entonces Barcelona (contra la paret) el mejor sistema propagandístico para perpetuar el miedo a la disidencia? Podría ser vista así. Pero el grito no puede ser silenciado. La denuncia debe ser viralizada y las instituciones policiales mejoradas. Pero uno no queda muy convencido de que pueda ser así cuando al final de la obra se lanzan, como titulares, todos aquellos casos de violencia policial y política sucedidos desde hace más de 10 años.

Cabe decir que el activismo es tan fuerte en el texto que hay alguna parte donde patina la demagogia, en lo fácil, como en precisamente este final a golpe de titular donde las voces de los actores terminan ahogadas por el himno de los Juegos Olímpicos del ’92, Barcelona de Freddie Mercury y Montserrat Caballé. Un recurso fácil y efectista. Pero, por el contrario, Lali Alvárez acierta de pleno en la escena en que vemos a los tres actores aprisionados en la supuesta celda, tan chiquita, mientras retumba el grito loco e histérico de Screamin’ Jay Hawkins cantando el I put a spell on you. Cómo hacer sentir la rabia contenida, contraponiendo silencio y ruido.

Cabe destacar que la propia autora participa del propio montaje dando unos cuantos datos informativos. Y que al principio de todo ya avisa de que aquello es una fiesta (de hecho, suena buen reggae antes de empezar y te invitan a una cerveza). Y si bien empieza más alegre, todo termina siendo tan descorazonador que la fiesta se diluye como los tragos de la amarga cerveza. Pero es que en Barcelona todo puede empezar con una fiesta y terminar en tragedia. Aun así, nos la queremos con orgullo, el orgullo de barrio. ¡Feliz fiesta mayor!

 

Barcelona (contra la paret) de Lali Alvárez Garriga

Dirigida por Lali Alvárez Garriga.

Interpretada por Clara Garcés, David Teixidó i Sonia Espinosa.

Teatro de denuncia.

Hasta el 25 de setiembre en el Antic Teatre.

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