cartel primera cita

Crítica a Primera Cita

Escrita, dirigida e interpretada por Begoña Tenés y Joanmi Reig. 

En una casa particular de Madrid.

El sábado 5 de marzo tuve la oportunidad de asistir a una función teatral de lo más exótica; responde a estos nuevos modelos de trabajo que los actores se están inventando fruto de la crisis perpetua en la que se encuentra sumido el sector, tan maltratado y durante tanto tiempo por nuestros “queridos” gobernantes. Así pues me llegó esta simpática invitación a la que no pude decir que no: teatro a domicilio, servido por una pareja de actores que representaron una obra escrita y dirigida por ellos mismos en el salón privado de una casa. Únicos requisitos: tener suficiente espacio y un público mínimo de 15 personas para que el pase les resultara rentable. A cambio, asistimos en el cómodo salón de una casa a “Primera cita”, una obra de una hora de duración que recrea el primer encuentro de una pareja de esas tan comunes actualmente, de las que se conocen primero por una red social.

Hay que decir que en un evento de estas características todo resulta un acontecimiento, no sólo la obra en sí misma; desde la llegada a una casa particular, en la que la propietaria nos recibió amablemente y nos convidaba a viandas varias y unos vinos previos a la obra, hasta encontrarse con un salón recolocado para la ocasión, con dos sofás y unas sillas delimitando una suerte de escenario. Cuando llegó la hora el público nos fuimos sentando y se hizo el silencio; no había nadie para decirnos que apagáramos los móviles pero fuimos formales y se hizo el silencio; ¿Dónde estaban los actores? Entonces, cuando ya empezábamos a pensar que se habían perdido en la escalera, la actriz en cuestión, Begoña Tenés, entró por la puerta abriendo con llave. El impacto de verla llegar a “su casa”, hablando por teléfono, descalzándose mientras hablaba de su próxima cita con una amiga, daba un toque de realismo que en ningún teatro se habría conseguido. La actriz iba y venía por la casa, del baño a la cocina, y todo mientras seguía con la conversación y nos ponía en antecedentes. De pronto una llamada en espera le llama la atención, la atiende: es el hombre de la cita, que se ha confundido y llega una hora antes. Está en la puerta y va a llamar. Buen comienzo.

A partir de aquí aparece en escena el otro actor, Joanmi Reig, y se ve enseguida que su personaje no responde en absoluto a la imagen que se había hecho de él la protagonista, después de casi tres meses chateando. Así pues no puede casi esconder su gesto de decepción. ¿Superará la pareja este primer encuentro? ¿Durará más de una hora el encuentro o le echará en cuanto pueda de su casa con cualquier excusa? El planteamiento inicial de la obra es original y dinámico, aunque cabe decir que a partir de aquí se vuelve un poco más lineal, al menos en lo que al planteamiento dramatúrgico se refiere. La primera parte de la conversación, después de la inicial decepción, se vuelve algo monótona, aunque por otro lado resalta el aspecto voyeur del espectador, que se siente presenciando un encuentro íntimo a la vez de inicialmente poco prometedor, como si casualmente estuviera en la mesa de al lado en un bar y pudiera escuchar la conversación anodina de dos personas que se acaban de conocer. Pero no será todo como parece y la conversación dará a lo largo de la noche algunos giros inesperados, que harán cuestionar al personaje femenino su propio relato de vida, mientras que dibuja un personaje masculino con más profundidad, peso e historia del que pudiera haber parecido en un primer momento.

La obra tiene algunos momentos algo densos pero las bromas oportunas en otros aligeran el planteamiento y, por otro lado, los giros en la trama se encargan también de enviar un mensaje bastante más profundo de lo que un primer encuentro de esta clase pudiera haber ofrecido aparentemente. El resultado final es una obra entretenida, original y curiosa, que nos coloca a los espectadores en una posición de voyeurs casi fantasmales. De hecho, en cierto momento se hace una referencia a nosotros en este sentido que en nuestra opinión podría resultar en sí misma en otra trama de lo más interesante por inesperada, aunque queda al final sólo como un guiño de complicidad hacia el público. Pensamos, ya desde una perspectiva crítica, que el guión es mejorable pero no deja de tener componentes bien interesantes, y el trabajo actoral es bueno, siendo destacable la soltura de Begoña Tenés en hacerse con el espacio, y en Joanmi Reig esa medio sonrisa irónica que oculta un drama dentro de la apariencia cuasi infantil que inspira. Ambos personajes retratan a habitantes comunes de nuestras ciudades, seres anónimos con historias leídas como fracaso desde una perspectiva superficial y tradicional, pero que quizá en realidad representan más búsquedas personales que otra cosa, si agudizamos la vista. En todo caso un menú a repetir. No nos cabe sino felicitar a los actores por la valentía del proyecto y animarles a que sigan haciéndonos disfrutar con propuestas de esta clase. Y, además, después del teatro… Continuó la velada y rodó el vino. ¡Qué más se puede pedir!

 

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