Ángel Facio

Yo soy madrileño, setentón y solterón, y en mi carné de identidad, en el espacio reservado a la profesión, pone director de teatro. ¡Veleidades administrativas! De hecho, durante quince años ejercí de abnegado PNN en la Universidad Complutense. Luego, como no me halagaba el panorama de convertirme en funcionario definitivo, fundé Goliardos, el primer grupo independiente que recorrió el país de cabo a rabo en aquellos tiempos dorados que
sucedieron a las algaradas estudiantiles del 68. De aquella época, Historias de Juan de Buenalma y La boda de los pequeños burgueses hicieron las delicias de los espectadores, según las reseñas de las revistas del corazón. Aprendí, pues, lo poco que sé encaramado al
carro de cómicos ambulantes: de Belgrado a Nueva York, pasando por Venta de Baños.
Después, tras el fallecimiento de Goliardos -apenas dos años antes que el General-, me incorporé a la jungla del mercado teatral, montando espectáculos, más o menos discutibles, donde estuvieran dispuestos a financiármelos.

Trabajé en España y Portugal para la empresa privada -pongamos La casa de Bernarda Alba y Todo desnudo será castigado-, en Colombia y Polonia para la empresa pública -Ligazón, Las criadas, La Celestina-, y, de regreso a la Madre Patria, intenté reverdecer viejos laureles con Teatro del Aire, otro intento de grupo estable desaparecido por falta de oxígeno, con el que acabé de desarrollar mi lectura de La Celestina a lo largo de tres duras temporadas.

En la década de los 80, quiero recordar un par de montajes para el Centro Dramático Nacional -Las bragas y No hay burlas con Calderón-, y prefiero olvidar una demencia primaveral con Moncho Alpuente que dio en llamarse La Reina del Nilo, así como unas
cuantas reposiciones y un sinfín de cursos, cursillos, cursetes, seminarios, mesas
redondas, mesas cuadradas, congresos y conferencias. También muchísimas horas
de pasillo en los centros oficiales, mendigando el dinero necesario para sacar adelante
algún espectáculo que nunca vería la luz.

Fueron estos tiempos de desilusión, imputable sin duda a la falta de un proyecto cultural coherente por parte de los socialistas de salón que nos cayeron en suerte.
Rayando los 90, me lié la manta a la cabeza, e intenté resucitar Goliardos, esta vez bajo la redundante etiqueta de Sociedad Limitada. De esta experiencia, muchísimo papeleo legalista -miseria envuelta en celofán-, y apenas cuatro espectáculos, armados sobre textos de Sartre, Genet, Rodrigo García y un controvertido Tenorio.
En el 94, cerramos definitivamente el chiringuito, y me largué a Sevilla, donde desempeñé la cátedra de Dramaturgia en la Escuela de Dirección del CAT, y realicé el montaje de Moscú cercanías, un texto ruso en que se lució Juan Diego. Luego crucé el charco y me fui a Colombia para intentar poner en pie una versión criolla de Fuenteovejuna, pero la cosa no resultó por falta de presupuesto, así que me volví a la Madre Patria, y cumplí un sueño largos años acariciado: echar las bases de un teatro mesetario. Fruto espúreo de mi obsesión, unas Desventuras conyugales de Bartolomé Morales, inspiradas en los Diálogos del Ruzante, y una Noche de los asesinos, levantada a pulso por una compañía familiar de Almendralejo.

Un poco harto ya de dar tumbos, expirando el siglo, decidí presentarme a las oposiciones de Dirección de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Me tumbaron, como era de esperar, así que tuve que conformarme con hacer lo propio en la Huerta en condición de interino. Y allí me quedé durante un par de años, rodeado de espárragos, berenjenas y tomates. Con alumnos, profesores y graduados de la escuela de Murcia, conseguí poner en pie la Fuenteovejuna rumiada en Colombia. Y con un grupo de amiguetes de Logroño, estrené, meses después, un texto de Coppi, extraño y polifacético autor argentino.

En el cajón, una docena de ambiciosos proyectos: Hamlet, La Henríada, Macbeth, en
la bodeguilla un centenar de buenos caldos nacionales, y en las meninges una sensación convulsa en que se mezclan, a partes iguales, ilusión y resentimiento.

Entre sus trabajos más importantes:
2010 : El balcón, de Jean Genet. Naves del Español en Matadero Madrid
2008 : Los cuernos de Don Friolera, de Valle-Inclán. Teatro Español y gira nacional.
2006 : Desventuras conyugales de Bartolomé Morales, del Ruzante. Teatro Español.
2005 : Romance de lobos, de Valle-Inclán. Teatro Español.
2002 : La noche de Madame Lucienne, de Copi. La Garnacha (Logroño).
2001 : Fuente Ovejuna, de Lope de Vega. E.S.A.D. de Murcia.
1998 : Don Juan de Carillana, de Jacinto Grau. Centro Dramático Nacional.
1995 : Moscú Cercanías, de V. Erofeiev. Teatro Central (Sevilla).
1992 : Reloj, de R.García. Goliardos S.L. y Ballet Nacional Cuba.
1991 : Don Juan Tenorio, de Zorrilla. Los Goliardos, S.L.
1990 : Ella, de Jean Genet. Los Goliardos, S.L.
1988 : A puerta cerrada, de J.P. Sartre. Los Goliardos, S.L.
1986 : Toda a nudez será castigada, de Nelson Rodrigues. Seiva Trupe (Oporto).
1985 : No hay burlas con Calderón, collage de textos. Centro Dramático Nacional.
1984 : Las criadas, de Jean Genet. Teatr Stefan Jaracz, Lodz (Polonia).
1980 : Las bragas, de Karl Sternheim. Centro Dramático Nacional.
1979 : Tragicomedia de Calisto y Melibea,de F.de Rojas.Compañía Nacional (Bogotá).
1978 : La señorita Marga, de R. Athayde. Federación de Festivales América (Bogotá).
1977 : Ligazón, de Ramón del Valle-Inclán. Sala El Alacrán (Bogotá).
1975 : A noite dos assassinos, de José Triana. Os Cómicos (Lisboa).
1972 : A casa de Bernarda Alba, de García Lorca. Teatro Experimental de Oporto.
1970 : La boda de los pequeños burgueses, de B. Brecht. Los Goliardos, T. I.
1968 : Historias de Juan de Buenalma, de Lope de Rueda. Los Goliardos, T. I.
1967 : Strip-tease y En alta mar, de Mrozek. Los Goliardos, T.I.
1966 : Ceremonia por un negro asesinado, de Arrabal. Los Goliardos, T. I.
1965 : El otro, de Unamuno. Los Goliardos, T.I.
1964 : Historia de un soldado, de Ramuz y Stravinski. TEU de Ciencias Políticas.
1963 : Escorial, de Michel de Ghelderode. TEU de Ciencias Políticas.
1962 : El cadaver del Sr. García, de Jardiel Poncela. TEU de Ciencias Políticas.

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