cartell tàrrega

Crónica sobre la Fira de Tàrrega de teatre al carrer 2017

Para muchos consumidores habituales de teatro, la temporada empieza a 90 km de Barcelona. La Fira de Tàrrega  de teatre al carrer es un aparador de teatro que se abre a un público muy amplio y variado y que llegan con una actitud de dejarse querer, sorprender, sacudir…. Es un público entrenado que sabe bien lo que esta feria puede ofrecer. Lo que debe ofrecer. Un público profesional que exige calidad y riesgo en todas las propuestas que inundan espacios abiertos y cerrados del pueblo. Pero la Fira es grande. Este año ha contado con 52 compañías nacionales e internacionales que han llevado a cabo 261 funciones en 23 espacios de exhibición diferentes. Por eso la selección y el cuadre de funciones y horas a veces no es tarea fácil. Este cronista fue un día. Sólo un día. Insuficiente. Los espectadores más profesionales ya saben que allí hay que estar todos los días. Fer Fira: pasear, sólo o en grupo; descubrir todos los rincones del pueblo; encontrarse en el camino a gente conocida, intercambiar opiniones. La vida en la Fira de Tàrrega es más divertida y más humana. Por eso, saben que hay que vivirla durante los tres días. Pero nos quedamos con lo vivido. Se lo resumo.

Diez de cada diez de Valeria Píriz

Diez de cada diez de Valeria Píriz

Grito y silencio de 16 mujeres de rojo.

Una procesión de 16 mujeres vestidas de rojo recorre la elíptica Plaza del Carme hasta plantarse en un punto donde el público ya ha hecho el espacio circular para que ellas entren. Este colectivo entra en este espacio y empieza a recitar, unas en voz más baja otras gritando, titulares, estadísticas, relatos de denuncia por la mujer como víctima de violencia de género. Diez de cada diez es una performance que sacude al público, que incomoda. La idea parte de Valeria Píriz, artista uruguaya que, junto con un grupo de mujeres sin vinculación con el mundo artístico (exigencia de la Fira), da forma a este coro rojo para sacudir aquellas conciencias que aún no conozcan la realidad más fría de la violencia de género: los números. Simple, pero efectista. No todas las mujeres gritan, la mitad están en silencio. Pero la otra mitad si que grita de manera desordenada todo de estadísticas y mensajes sobre los feminicidios perpetrados en España en lo que llevamos de año. Subiendo la intensidad cada vez más, de repente las mujeres calladas empiezan a hacer callar a las demás. Una a una, manteniendo ciertos intervalos de tiempo, van envolviendo con papel film a estas mujeres tapándoles la boca y todo el rostro, hasta parte del busto. El último grito que se escucha es el de una mujer que va enumerando las víctimas de violencia de género hasta llegar a 31. Luego sólo se va a oír el rasgar de la cinta adhesiva, un ruido desagradable que termina impactando mucho más que el batiburrillo de denuncias. El silencio sobre el grito. Pero el giro final de la performance está cuando las mujeres que envuelven terminan creando un armazón asfixiante, compacto. Luego cogen unas tijeras y con cuidado, van cortando el molde plástico, por un brazo hasta la mitad de la cabeza, liberan a sus compañeras y fijan con más cinta adhesiva estas estructuras efímeras en el suelo de la plaza. Caparazones que son el recuerdo vacío de todas estas muertes sin sentido, bustos que chillan desde el silencio.

Meeting point de Ezra

Meeting point de Ezra

Clowns, bailarines, acróbatas… todos a la calle, aunque llueva.

Y bajo una molesta lluvia que aún nos deja más fríos de lo que estábamos, nos sumergimos por las callejuelas del pueblo. Aun analizando la performance de Valeria Píriz llego a la conclusión de que ha faltado un punto de más agresividad. No creo que ni los hombres asistentes se hayan sentido especialmente incriminados o heridos, ni las mujeres conmocionadas o enfadadas. ¿Falta de interactividad? Y de repente, al lado de la plaza un clown haciendo reír al público con gags ingenioso. Más allá unos acróbatas haciendo ejercicios imposibles y unas callejuelas más adentro una muchedumbre esperando la aparición del dúo Ertza, dos bailarines bajo la dirección el corógrafo Asier Zabaleta que, bajo el nombre de Meeting Point, recrean un encuentro entre dos hombres. Una performance, un baile donde se dibujan figuras preciosas, donde los cuerpos se moldean entre ellos, se fusionan, haciendo ejercicios coreográficos tan bonitos como impactantes. ¡Uno de ellos aguantando obre su cabeza el cuerpo estirado del otro! Es reamente fascinante estos atletas que llegan a estos equilibrismos. El espectáculo es todo movimiento, una poesía visual a la que se le suma el agua (no sólo de la lluvia, si no de unos cubos) y un barquito de papel que parece que surca las mares por donde les llevan los dos bailarines.

Momentos estelares de la humanidad de Eléctrico 28

Momentos estelares de la humanidad de Eléctrico 28

Paseo catártico con 4 superhéroes excéntricos.    

Ya sin lluvia, en un cruce de callejuelas de Tàrrega, aparecen 4 excéntricos superhéroes vestidos con mallas doradas. Son los actores de Momentos estelares de la humanidad de la compañía Eléctrico 28. Desde los cascos auriculares que la organización ha repartido entre los asistentes una voz nos cuenta que son los Cuatro Eléctricos que tienen la misión de crear un nuevo momento estelar de la humanidad. Todo esto remite al popular libro de Stefan Zweig “Momentos estelares de la humanidad”, un libro de cabecera que reflexionaba sobre la historia y sobre los episodios donde el genio humano sobresale puntualmente para marcar un hito que cambiará el rumbo de la sociedad. De esta forma, la compañía pretende involucrar al público y embarcarles en una misión donde deberán formar un equipo (que a mitad de camino se divide en dos) que pueda crear un nuevo momento estelar. El argumentario, el paralelismo con la novela de Zweig, es original y obliga al oyente/espectador a reflexionar sobre la genialidad humana y lo que la provoca. Por eso, este narrador omnisciente que se presenta como Herstory (una reivindicación un poco facilona de la feminidad de la historia) explica los puntos que hay que seguir para crear este momento estelar. Sus superhéroes extraterrestres nos guiarán en la travesía a través de solares, rotondas, puertas que no llevan a ningún sitio, hacia un viaje donde el objetivo verdadero es crear lazos entre el grupo, como si fuera una especie de gincana, donde uno termina dando vueltas cogido de la mano con uno de los Eléctricos, tirando a canasta, tomando el té con una anciana en una residencia para personas mayores y, sobre todo, haciendo el saludo de la estrella. Como niños vaya. Un espectáculo fantástico, donde paulatinamente te quitas de encima cualquier atisbo de vergüenza. Todo para concluir en un final que… No vale la pena decirlo, sólo decirles que la electricidad que se concentra en un pararrayos la pueden crear un grupo de 40 personas. Aprovecho desde este humilde portal para implorar a la compañía Eléctrico 28 que me fichen. ¡Yo quiero ser el quinto Eléctrico!

Nafrat, el forat de la vergonya

Nafrat, el viatge de la vergonya

Un viaje aburrido y estéril que no lleva a ninguna parte.

Contagiado por el buen rollo y la energía positiva, vamos hacia las afueras de Tàrrega donde un hombre con el rostro tapado por un pasamontañas nos guía hacia una furgoneta. Somos refugiados y vamos a pagar un boleto (con unos billetes falsos previamente dados por la organización) para travesar la frontera en esta furgoneta. Se trata del espectáculo Nafrat, el viatge de la vergonya de Nafrat Co. Así pues, pasamos del juego infantil al infierno de la supervivencia. Pero nada de nada. Un bluf. Un espectáculo con una buena idea, pero muy mal desarrollado. Tienen un espacio escénico con unas posibilidades brutales para incentivar el terror, la culpa y la desesperación que pueden sentir los refugiados que se encuentren en situaciones parecidas. Si somos refugiados, en ningún momento me he sentido coaccionado, arrinconado ni maltratado. El principio es violento y nos deja en una situación de peligro y vulnerabilidad, pero esta sensación se diluye minuto tras minuto. Y eso es porque la historia, los diálogos entre el traductor y el cabecilla de la expedición o los monólogos de unos y otro son reflexiones estériles, discusiones sin tensión. Tampoco es que la ejecución de los dos actores nos interpele de manera agresiva. Y el final, que pretende dar un giro que nos deje aún más abatidos a uno le deja absolutamente frío. Muestra de ello, es que momentos antes del final del viaje, gran parte del público asistente termina haciendo bromas sobre lo que allí sucede. Y no son bromas nerviosas. Así pues, finalmente nos abren las puertas de la furgoneta y nos dejan salir. Pero hay una última sorpresa, esa sí inesperada. Asistimos a una bronca de uno de los de la organización (no sabemos si de la Fira o de la compañía) al grupo con quienes vamos recriminando su poco respecto a la compañía y al resto de público por hacer broma. Algo inaudito. A lo mejor este señor debería haber preguntado al resto del público si se habían sentido molestos. Y si Nafrat Co se han sentido ofendidos con su actitud que analicen que es lo que la ha provocado. En resumen, una buena idea, un espacio único para transmitir la angustia vital de los refugiados, pero absolutamente lastrado por una historia y una interpretación sosa que pide a gritos más intimidación. Y me viene a la cabeza Kalimat, un espectáculo, que, partiendo de una concepción muy diferente, tratan el mismo tema. Pero la conmoción del proyecto de Paramhytades fue sin duda mucho más conmovedor.

Ningú no va als aniversaris a l’estiu de los Hermanos Picohueso

Ningú no va als aniversaris a l’estiu de los Hermanos Picohueso

Todos queremos a Lluki… aunque todo sea mentira y se sienta invisible.

Pero alegría que estamos de Fira. Y, además, ahora nos han invitado a una fiesta sorpresa en el Museu Comarcal. Se trata de Ningú no va als aniversaris a l’estiu de los Hermanos Picohueso. En una sala muy bonita, antigua, nos espera Diego, un alto y sonriente chico con bigote y camiseta de los Mets de la NBA. Recibe con abrazos y selfis a todos los asistentes de la fiesta sorpresa que está preparando para Lluki. Una vez estamos todos, nos dirigimos a la terraza. Allá en una proyección en lo alto de una pared de un edificio colindante vemos un mensaje de la youtuber Manitas Amanitas. Nos da las instrucciones de como hacer una fiesta de aniversario en 10 minutos. Así pues, el bueno de Diego nos anima a que entre todos montemos los sándwiches de Nocilla y paté, preparemos los bols con los ganchitos, montemos el pastel de cuches, firmemos la tarjeta de cumpleaños… Una fiesta de cumpleaños como las de pequeño. Volvemos a la infancia. Y durante poco más de una hora nos sumergimos en una fiesta que bascula entre la improvisación y el juego (desde el patito inglés, comúnmente conocido como el escondite inglés, a adivinar canciones) y los conflictos pueriles que surgen entre Lluki y Diego. Así principalmente asistimos a una celebración de la amistad más naíf, liberados de cualquier corsé. De hecho, la clave es la interacción del público, las ganas de éste de animar también el cotarro. Y no faltaron hurras, vítores, congas, y hasta un abrazo espontáneo hacia la desamparada Lluki. ¿Y desamparada por qué? Porque en el fondo todo es una farsa. Un vídeo proyectado ya nos anuncia que Lluki celebró su aniversario hace días y que nadie vino. En los siguientes vídeos proyectados nos presentan una serie de personajes diferentes, raros, excéntricos, pero que hacen cosas extraordinarias. Pero los vemos en soledad y un mensaje que se repite: son superhéroes invisibles. En medio, Lluki y Diego apuntalan el discurso de la invisibilidad con la no muerte en Facebook o en la tozudez del padre de Diego en hacer aquello que le dé la gana. Cabe decir que este espectáculo lo apuesta todo al buen rollo, al final feliz. Un final más catastrófico hubiese sido un golpe muy duro, demasiado pesimista. Porque esto es un acto de celebración de la vida, pero también es la reivindicación de aquellos freaks que luchan por hacer realidad sus secretos más extravagantes e inofensivos: Como poder ser Spiderman y lanzar sus telarañas, para dejar una huella invisible en su paso.

Rodrigo Cuevas

Rodrigo Cuevas

Rodrigo Cuevas o el folclore moderno bajado de los montes de Asturias.

La noche ya nos ha alcanzado y con ella hay ciertas ganas de petardeo. Pero aun así exigimos algo con cierta profundidad en el mensaje. Aunque, caray, lo que realmente queremos es petardeo. Y sabemos que va a ser así cuando vemos salir al escenario de la Plaza dels Comediants a Rodrigo Cuevas, uno de los artistas más auténticos y diferentes del último año. Está a punto de empezar el show El mundo por montera. Oriundo de Rodiezmo de la Tercia, a pocos kilómetros del Principado de Asturias, este artista fusiona el folklore asturiano, las canciones más populares salidas de los montes y los cuentos populares con el glam más desvergonzado, con ritmos y bases electrónicas, reflexiones humorísticas y cachondas y una vestimenta que combina las faldas de colores, las hombreras y unos complementos típicos de la tierras: la montera picona (un peculiar gorro en punta) y unas madreñas asturianas (unos zuecos de madera). Pero el personaje y el espectáculo tanto puede gustar al joven bailongo como al purista de la canción asturiana. La ejecución de las canciones es impactante y su registro vocal está muy educado (sus gritos y aullidos son penetrantes), pero el show en si prima el humor, el cabaret y el baile coreografiado. Pero en todo el espectáculo queda fijada una reivindicación de la raíz de la canción de la tierra, tanto sea asturiana como gallega y de la autenticidad que emana de Asturias por encima de la artificialidad de la ciudad. Una fusión que inspira verdad y respeto por sus raíces, pero para llevarlo al terreno del humor y el esperpento. Además, las historias que introducen las canciones tratadas con humor (como la del toro barroso) se reciben mucho mejor que como si las recitaran como una rondalla. Un espectáculo para gozar y entrar de lleno en una noche bien divertida.

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