ultim sopar

Crítica de “L’últim sopar”

Diferentes platos, la misma mesa

“CLAUDIO: ¿Dónde está Polonio?
HAMLET: De cena.
CLAUDIO: ¿De cena? ¿Dónde?
HAMLET: No donde come, sino donde es comido: tiene encima una asamblea de gusanos políticos. […]El rey gordo y el mendigo flaco son dos viandas posibles: dos platos, la misma mesa.”

Estas palabras de Hamlet no aparecen en L’últim sopar, si bien podrían hacerlo. Y no solo por la patria inglesa del autor y director Mole Wetherell, sino porque la ironía de la muerte es el motor en ambos discursos. Y es que, ¿qué tienen en común El Ché, Marilyn Monroe, Leonardo Da Vinci y la bruja del Este del Mago de Oz? Ni época, ni ideología ni gustos gastronómicos. Lo único que les une a todos es ser conocedores del secreto mejor guardado de la historia: “El más allá”.

La compañía Atresbandes se acoge a la única certeza existente para narrar con fino humor las últimas horas de diferentes personajes reales y ficticios. En cada función, 39 espectadores –y  sus 39 copas de vino- dispuestos en tres largas mesas en forma de cuadrado asistimos a un recital a tres voces de últimas palabras y voluntades. Las breves historias que cuentan van más allá de la simple enumeración y aparecen muy bien hiladas por el texto, el ritmo ágil y los en apariencia espontáneos movimientos de los actores. Mònica Almirall, Miguel Segovia y Albert Pérez Hidalgo sigue un tono muy cercano a ese humor cínico disfrazado de sutilidad de Locus Amoenus, montaje en el que también trataban la muerte sin miedo ni llanto.

El trío ejercen en esta ocasión de camareros, sirviendo las últimas cenas de 13 condenados a muerte que encararon su suerte con gustos muy distintos: Desde el que pide un elaborado plato de hígado hasta el que ni siquiera pide comida, pasando por hamburguesas, pasteles o distintas piezas de fruta. Además de los olores de los manjares y el gusto en aquellos espectadores que tímidamente se atreven a probarlos, se le suman al texto una serie de músicas y sonidos ambiente que complementan de forma sutil pero útil la narración.

El montaje fue estrenado por la compañía belga-inglesa Reckless Sleepers y ha sido traducido y adaptado a múltiples idiomas y países. En cada lugar se han incorporado personajes locales que se acercan al imaginario del público. En la versión catalana encontramos a Franco, Eugenio o Pepe Rubianes, el complemento perfecto para un notable mosaico de referentes próximos.

Ejecutores y ejecutados, vencedores y vencidos, en la ruleta de la vida optamos con igual porcentaje al mismo premio. Los entrantes podrán ser injustos, tristes, brutales, sorprendentes, irónicos, tranquilos, absurdos, trascendentes o incontrolables… Pero la digestión final no tiene variación posible. Al fin y al cabo, todos somos diferentes platos en una misma mesa.

L’últim sopar, de Mole Wetherell

Adaptado por ATRESBANDES

Interpretado por Mònica Almirall, Miguel Segovia y Albert Pérez Hidalgo.

Hasta el 27 de diciembre en la Sala Hiroshima

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *