Y no quedara ninguno

Crítica de Y no quedará ninguno

En el Teatre Apolo se representa probablemente uno de los clásicos de misterio más venerados de la historia de la literatura. Se trata de Y no quedará ninguno, adaptación de Los diez negritos de Agatha Christie a cargo de Gianluca Ramazotti y Ricard Reguant. El propio Reguant es el director de la obra. Cabe recordar que el popular director de teatro y, sobre todo, de musicales es un trotamundos que tanto te estrena en Bucarest como en Sao Paulo. Pero ahora parece ser que le tendremos una temporada larga en Barcelona pues se ha encargado de la dirección artística del popular teatro del Paral·lel. Su carta de presentación debía marcar ya la línea: un teatro comercial, que atraiga a un amplio espectro de público y que permita despertar el interés a lo largo de las semanas de exhibición. Claro está que el teatro en general lleva un estreno de curso muy bajo en asistencia. La política es el nuevo espectáculo. Pero a pesar de todo, el misterio pica la curiosidad de todo el mundo y pocas, poquísimas obras hay que apuesten por historias de misterio al uso. Claro está que esta es una adaptación de una novela muy popular, y que también hay muchas películas que versionan la historia. Pero el misterio real está en saber cuál es la resolución final del caso, si la de la novela original o la de la película. Por el bien del espectáculo y de los que se esfuerzan en levantarlo nos vamos a guardar de hacer ningún spoiler.

Se trata de que en un hotel mansión medio abandonado en una isla y que guardan un matrimonio recién llegados a la isla llegan ocho personas que no se conocen entre sí y que el único vínculo que tienen entre ellos es que han sido invitados de manera misteriosa por alguien que no se presenta en la isla. Una voz en off que suena de repente presentará a cada uno de los personajes y los acusará de un crimen del cual terminaron por no ser juzgados. A partir de aquí, uno detrás del otro va cayendo muerto. Una serie de asesinatos soportados y narrados por una vieja canción infantil que está impresa en la pared del hall. En cada estrofa escrita lo acompañan una estatuilla roja que simboliza los diez indios (no negritos). A cada muerte, una estatuita se cae. Resolver el misterio se vuelve entonces una cuestión de supervivencia.

El espectáculo se sigue con interés y con un respecto absoluto a la historia y a los diálogos. No es una adaptación que pretenda romper con nada, sino simplemente ajustar algunas cosas. Cabe decir que, si uno tiene como referente la película del ’74 con Charles Aznavour, Oliver Reed y Elke Sommer entre muchos otros encontrará unas cuantas diferencias. Reguant apuesta por un equilibrio entre personajes misteriosos, duros, antipáticos y otros más divertidos, ricachones que, antes de que empiece a mascarse la tragedia, están abocados a la alegría y la seducción. Los apuntes cómicos se marcan, en un humor blanquísimo, en algunos de estos personajes y en situaciones de más o menos tensión. Es el caso del doctor que representa Joan Carles Bestard, un médico nervioso experto en calmar los nervios, o el policía supuestamente de incógnito Toni Sevilla. A su lado permanecen con aplomo Pep Munné, excelente en su reposada interpretación del juez o Arnau Puig, quien con presencia y carácter interpreta al antiguo militar. A su lado actores con más o menos recorrido en los teatros, más maduros uno, más jóvenes otros. Lo malo de esta obra es que algunos de los actores no tienen tiempo para hacerse notar pues en nada terminan muertos. Y en este caso está claro que Reguant apuesta más por los veteranos que no por los más jóvenes. Y hay quien permanece más tiempo en escena pero que merecería una muerte más temprana que otros ya fallecidos.

Pero el objetivo de Reguant lo cumple con creces: mantener el misterio de manera entretenida y sin tomar ningún riesgo formal. La apuesta de Reguant es la de mantener la estructura y el tono de la novela, dando algunos matices en las interpretaciones y en el carácter de los personajes. Por ello la escenografía resulta vistosa, pero plana y estática. La iluminación sí que consigue dar focos de más profundidad en los momentos de confesión. No creo que Reguant le interese romper o reformular la historia, trasladarla a otros parajes, crear otro tipo de atmósferas. Apuesta a lo seguro. Y la gente tampoco pide más que eso.

Y no quedará ninguno de Agatha Christie.

Adaptada por Gianluca Ramazotti y Ricard Reguant.

Dirigida por Ricard Reguant.

Interpretada por Pep Munné, Arnau Puig, Ivana Miño, Toni Sevilla, Cata Munar, Pol Nubiala, Joan Carles Bestard, Jaume Fuster, Júlia Creus, Eduard Doncos.

Misterio popular sin pretensiones.

Hasta el 10 de diciembre en el Teatre Apolo.

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