Araceli, la hermana de María Zambrano. Una mujer rota por los desastres de lagarera

Crítica de “La tumba de María Zambrano” en el CDN, Madrid

Jueves 25 de enero, 2018

Esta obra es efectivamente, como el subtítulo indica, una “obra poética”; así que quien acuda a verla no pretenda encontrarse una narrativa clásica ni una explicación cronológica de la biografía o el pensamiento de la filósofa. Más bien es una pieza onírica que trata de adentrarse en María Zambrano desde la propia María Zambrano y su razón poética, e intenta, desde una perspectiva dramatúrgica, poner en acción su pensamiento. El resultado es sugestivo, casi embriagador, una ensoñación a través de la cual se perfilan desde una atemporalidad manifiesta, elementos biográficos dispares; desde la relación de la María Zambrano niña con su padre, pasando por el amor por su hermana y la truncada vida que tuvo por los avatares de la guerra, hasta la preocupación perpetua de María por los suyos dejados atrás, un país que le duele por la hambruna y la miseria, no sólo económica, que padece. Al final la ensoñación no es un evadirse sino todo lo contrario, un rumiar su preocupación constante por la tragedia de la guerra fratricida, y el dolor de quien se ve condenado a vivir emigrado forzosamente de tierra e ideales. María siempre buscó la palabra perdida, la palabra adecuada para resolver, consolar, calmar, retribuir este mundo de injusticias manifiestas y crueles, la palabra que pudiera enmendar de algún modo tanta miseria y dolor. Así nos lo hacía saber todavía al final de su vida, cuando recogía el premio Príncipe de Asturias con todos los honores. Una palabra que la obra se permite finalmente expresar, como hipótesis bien fundada del pensamiento de esta gran mujer, y que no desvelaremos aquí para animaros a encontrarla por vosotros mismos en la penumbra de ese bello sueño que nos presentan en el Centro Dramático Nacional.

El trabajo actoral es esforzado y riguroso, destacando la desenvoltura de Irene Serrano para interpretar a una María Zambrano aun niña, inocente pero ya buscadora incansable de respuestas, y la fuerza dramática de Isabel Dimas, que interpreta a la hermana de Zambrano, Araceli, y nos sabe transmitir el dolor de una mujer rota por los avatares de la guerra, títere del destino, condensando en el personaje mucha de la carga dramática de la pieza. A lo largo de la obra se suceden varias secuencias coreográficas interesantes; nos resultó especialmente sugestiva y hermosa en particular la coreografía de los personajes con las cucharas, como metáfora del hambre, pero también la reivindicación de lo maternal como alimentación y (auto)cuidado opuesto a los desmanes de la violencia masculinista de la guerra. Y es que el pensamiento de Zambrano era “poético” porque era cuidadoso, consigo mismo y con el significado al que apuntaba, siempre intentando no subvertir la realidad profunda de la que emanaba, y a la que trataba de referir siempre con respeto; era un pensamiento femenino en el mejor de los sentidos, y ya es hora de que se reivindique a esta valiente filósofa y se le acerque al gran público. En este sentido esta obra es necesaria aunque, como dijimos, no lo pone fácil a sus espectadores; ellos también deberán acercarse a ella con calma, aquietamiento y cuidado, para poder comprender su riqueza de metáforas y la profundidad de su mensaje. Los sucesivos bailes y devaneos de los personajes, que van y vienen por ese cementerio en el que hay tanta vida nos recuerdan que todos debemos levantarnos e ir al encuentro de los demás, de las demás, tal y como reza el epitafio de la tumba de Zambrano: “levántate, amiga mía, y ven”. Epitafio que en la obra también se refiere a la propia María, pues todo su recorrido no es sino un convocar a su espíritu para que nos resguarde todavía de las inclemencias de la historia.

Un texto por tanto profundamente respetuoso con la obra de Zambrano, si bien complejo como dramaturgia para el gran público, unos actores a la altura de la difícil tarea, una dirección cuidada (a cargo de Jana Pacheco) y algunos recursos lumínicos sorprendentes componen esta pieza exquisita que merece la pena ser vista, quizá más de una vez, para poder hacerle justicia. ¡No dejen de acercarse al CDN antes de que acabe!

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