Esquerdes, Parracs, Enderrocs

Crítica de Esquerdes Parracs Enderrocs

Las palabras son sonidos que contienen un significado otorgado por una sociedad que necesita expresarse y entenderse a través de ellas. Así pues, cuando decimos una palabra damos un significado, pero al mismo tiempo estamos emitiendo un sonido, un sonido con ritmo. Hay estudiosos, escritores, lingüistas o dramaturgos que han basado su trabajo en jugar con las palabras, con los sonidos y significados. Pero sobre todo hay un nombre que hizo de este juego su profesión, Joan Brossa (Barcelona, 1919, 1998). Categorizar a Brossa es limitar su potencial artístico, pero si hubiera que hacerlo deberíamos decir que sus textos, sus poemas visuales, su gestación artística encajaría en el surrealismo y el dadaísmo. Sin duda estos conceptos nos sirven para marcar el espectáculo brossiano Esquerdes, Parracs, Enderrocs de Jordi Oriol y Carles Santos que se ha programado en el TNC durante dos semanas y con una enérgica y multidisciplinar selección de actores que justo terminan su ciclo de aprendizaje en el Institut del Teatre.

No hay lógica narrativa, no hay historia, no busquen un conflicto, ni personajes en la Sala Tallers del TNC. Hay actores expresando palabras, sonidos ininteligibles, pero dichos con un sentido dramático, modulando voces, corriendo, saltando, revolcándose, haciendo piruetas, contorsiones (¡lo que da de sí un balancín!). Todo es un juego, pero con una precisión absoluta. Lo primero que se ve en el escenario es una concatenación de escenas compuestas por Carles Santos quien entiende el teatro como una partitura y los actores, su expresión y sus palabras como notas que modulan una sinfonía dodecafónica, ad libitum. El trabajo de Santos con los jóvenes intérpretes huyó de academicismos, dejando libertad a los actores para a través de una partitura de palabras imprimir sus propios silencios, ritmos e intensidades. Y a pesar de todo el caos de galimatías, hay una lógica estructural, el director compone su partitura basada en repeticiones de escenas, en movimientos coreografiados, en juegos simétricos (o en romper la simetría conscientemente), en coros, en solos. Cada secuencia es un juego donde los actores cogen un rol indefinido, de la risa a la furia. Un todo colectivo, una masa única. No hay personajes, sólo una comunidad que se expresan transmitiendo sin decir nada con sentido.

El juego llega a un punto muerto. Es cuando los actores a primera línea mudan la piel para jugar ahora según las reglas del dramaturgo Jordi Oriol. Este autor, cuya dramaturgia bebe directamente de la deconstrucción lingüística del poeta, deja atrás el Brossa que desnuda el sentido de las palabras y recoge el Brossa más político, el que, siguiendo los juegos lingüísticos, critica la sociedad, las jerarquías, los políticos y sobre todo el arte y el artista. Para desarrollar esta crítica Oriol propone el juego de cantar los cuarenta. Así pues, durante más de media hora los actores van hilvanando distintas escenas dinámicas que enumeran del uno al cuarenta, y a través de ellas van verbalizando y escenificando, sin dejar nunca la esencia del absurdo, estos versos llenos de críticas, unas más veladas, otras directas y sin titubeos. Y recreando distintos poemas lingüísticos de esencia brossiana, como el de “socolors” o la confusión entre el “que no” y el “canó”. Durante esta segunda parte el juego sigue las mismas constantes, pero dando aún más fuerza al grupo, sobre todo en este momento de pelea por el micro para lanzar su proclama. Y al final, cuando la expresión artística había fluido a través de la palabra, el ritmo o el movimiento, cae una torva de pintura (o un compuesto parecido) encima de los actores quienes se revuelcan en ella recreando en el suelo un mural de líneas y grumos y favoreciendo las caídas más patosas en un efecto cómico digno del slapstick más clásico.

Así pues, Santos y Oriol muestran la cara más sincera, lúdica y a la par reivindicativa del genial poeta Joan Brossa modelando (sin modelar) un grupo (una cohesión total, una gran piña) de jóvenes actores del IT, con una energía y entrega total al juego del actor. Una diversión absoluta fuera de lo convencional.

Esquerdes, Parracs, Enderrocs de Jordi Oriol y Carles Santos a partir de Joan Brossa.

Dirigido por Carles santos i Jordi Oriol.

Interpretado por Arnau Armengol, Anna Berenguer, Ferran Echegaray, Jordi Font, Blanca Garcia-Lladó, Berta Graells, Mirena Nafarrate, Ireneu Tranis, Berta Vidal.

Espectáculo surrealista, dadaísta, cómico… 

Hasta el 21/05/2017 en la Sala Tallers del Teatre Nacional de Catalunya.

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