dos familias

Crítica de “Dos familias”

La verdad absoluta no existe

A un lado, la familia de acogida. Al otro, el padre biológico. A un lado, un matrimonio –Anabel Totusaus y Eduardo Telletxea – con medios y posibles, que ha pasado dos años cuidando del que también es su hijo. Al otro, un exalcohólico y exdrogadicto –intensísima interpretación la de Pau Sastre-, quien tuvo a su hijo sin saber que iba a ser padre, y quien se ha esforzado al máximo para recuperarse y recuperarlo. ¿Con quién debe quedarse el niño?

El debate está servido, sin que la dramaturgia de José Pascual Abellán nos dé una respuesta clara. Sin buenos ni malos. Sin juicios ni moralejas. Solo la representación humana de un conflicto y de tres puntos de vista que, como en la vida, evolucionan constantemente. En medio, un buen número de reflexiones sobre la paternidad y el miedo que conlleva tal responsabilidad. Con momentos de humor surrealista surgidos de la incomodidad y el nerviosismo, tal y como pasa en la vida. Y unas cuantas frases que dan qué pensar.

Muy destacable es también la puesta en escena del director Sergio Arróspide, con una escenografía sencilla pero llena de significado. El osito de peluche se convierte en el elemento clave para la representación de un niño cuya aparición queda elidida, pero para nada ignorada. También el vestuario y los pocos elementos escénicos contribuyen de forma sutil pero muy visual a la presentación precisa de los personajes y sus formas de vida. La acertada estructura dramática, en la que se destacan los paralelismos entre los dos bandos, viene apoyada por la iluminación que focaliza la atención en cada momento.

Al final, todos los elementos se ponen al servicio de la pretensión absoluta de la obra: Que los espectadores nos interpelemos durante toda la función sin llegar a una conclusión clara de qué es y qué no es correcto. Generando duda, debate y una reflexión que seguirá más allá del teatro.

Dos familias de José Pascual Abellán.

Dirigida por Sergio Arróspide

Interpretada por Anabel Totusaus, Eduardo Telletxea y Pau Sastre

Hasta el 29 de octubre en la Sala Atrium

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