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Crítica de You say tomato

Las comedias dramáticas sobre relaciones de pareja se repiten, mutan y se multiplican cada año y desde hace décadas. Hace poco se estrenó el montaje argentino de Escenas de la vida conyugal en el Tívoli. Ejercicio brillante de interpretación, cómico, pero agrio y con una escenografía desnuda. Ahora, y ya lleva unos días en la Muntaner, se representa You say tomato, otra vuelta de tuerca en las relaciones de pareja a través de una pareja de músicos supervivientes que van de fiesta mayor en fiesta mayor para ofrecer un espectáculo de duetos románticos. En esta historia se deja notar el sello de Joan Yago (dramaturgo de La Calòrica) y la frescura y dinamismo en la propuesta del director Joan Maria Segura.

Rosó y Santi llegan al enésimo pueblo que está en fiesta mayor para ofrecer su show de variedades. Uno casi 40 años, la otra 32. A fuera, el ruido de la fiesta mayor: grallas, charangas, etc. A dentro un escenario sucio, lleno de ropa, sillas, una mesita,… y una pizarra. Y ellos dos, preparando el escenario, maquillándose, disfrazándose, añadiendo bodys, trajes, vestidos, armillas,… y a lo largo de esta hora y cuarto desnudando sus interioridades, sus miserias, mostrando sus cabreos, sus sueños no cumplidos y paulatinamente, sin prisas pero, al final, como si fuera a caer un aguacero que terminara con todo, descubriendo el engaño que ha supuesto sus vidas. Y así se llega a otra reflexión más sobre el porqué de la felicidad y los mecanismos que la transforman.

Yago escribe una historia que habla de la supervivencia al tedio vital, a los sueños no cumplidos. Y lo hace desde dos focos, por un lado a través de esta relación de pareja y por otro desde la figura de los músicos, de los artistas que luchan por una profesión digna que hacen con mucha ilusión. Por eso el retrato uno lo siente tan cercano. Su dignidad, su ilusión es la de todos aquellos creativos que no pueden, ni quieren salir de esta supuesta zona de confort (ruinosa eso sí) compartida con esta persona con la que a lo mejor estarías mejor si no la hubieses conocido. Tozudos, kamikazes, cobardes, o simplemente supervivientes.

Me aventuraría a decir que Yago con La Calórica juega a crear mundos con su coherencia interna que en momentos rompe para dar un punto de fuga, excéntrico, surrealista,  sobre el que el propio aporta otro foco de reflexión a la principal línea narrativa. En Bluf era el personaje de la chica en patinetes; en l’Editto Bulgaro, el crooner y las tres mujeres. En You say tomato suaviza la extrañeza, el excentricismo, pues todo sucede de una forma lineal y cuotidiana, pero aporta un momento que rompe con el dramatismo, detrás del colgador de ropa, con el que descarga las risas que se estaban congelando.

Otro punto diferencial de estas obra con muchas está en el uso del espacio escenográfico y el vestuario. Siempre en movimiento, los dos actores interactúan con el espacio escenográfico y este les sirve para avanzar en el dramatismo de la historia. He ahí la pizarra, el programa de mano, la botella de plástico,… Teniendo en cuenta que la escenografía, en las producciones más pequeñas, es la gran olvidada y se opta siempre por el minimalismo, se agradece una obra donde podamos ver y no imaginar. El texto lo pedía y la dirección lo explota.

Si el texto está bien trazado, las interpretaciones se degustan también. Anna Moliner y Joan Negrié despuntan buena química, dotes de payaso, pero también drama, tristeza y… música! Porqué narrada en tiempo real, lo que vemos allí es una cuenta atrás para que empiecen su espectáculo. Así, al final, somos espectadores de este pastiche de duetos románticos, donde a través de canciones románticas ofrece la cara más sarcástica de su relación. O no. Pues al final, y parafraseando a Freddy Mercury, el show debe continuar, pues tampoco no saben ni quieren salirse de él.

 

You say tomato de Joan Yago.

Dirigida por Joan Maria Segura.

Interpretada por Anna Moliner y Joan Negrié.

Comedia dramática sobre relaciones de pareja.

Hasta el 1 de noviembre en la Sala Muntaner.

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