Béré y Simó son dos ex bien avenidos, no terminaron mal y aún se ven y se preocupan uno por el otro. Bueno de hecho es más Béré quien se preocupa por Simó pues este guionista, a quien le acaban de estrenar su primera película, ha decidido, des de ya hace unos días, de encerrarse en su piso con su sofá, su póster de cine, su música, sus revistas de El Jueves y su autosuficiencia enfermiza. Pero uno, que ve todo lo que ocurre des de su salón de estar, sabe que Béré tampoco es un ejemplo de persona amueblada, con sus viajes, sus amantes, sus cambios de piso. Pero no nos engañemos: jóvenes veinteañeros y algunos treintañeros, ¿alguien sabe realmente que es lo que quiere? ¿que es lo que realmente necesita? ¿es que no coqueteamos con la noche más salvaje? es que no aborrecemos la telebasura, pero la comentamos como auténticos expertos? ¿es que todos no somos un poco cobardes para decir te quiero?
Sé de un lugar es una tragicomedia sobre el amor después del amor. Iván Morales, actor y guionista cinematográfico (en su haber está el guión de la galardonada El truco del manco) ha vertido su propio universo en el guión de esta obra. Se nota que es el primer texto que escribe para teatro pues sus personajes están formados por retazos de su propia vida y probablemente de la de sus dos actores, Anna Alarcón y Xavier Sáez, miembros de la compañía Produccions Prisamata. Este detalle es sin duda el que le da un plus de autenticidad en las situaciones que viven o recuerdan sus personajes. Probablemente la obra representada estos días en La Seca-Espai Brossa es lo más indie que hay en la cartelera de Barcelona y también, la obra más generacional. Resiguiendo el currículum del director y dramaturgo se le intuye una cultura popular y al mismo tiempo una manera de pensar y reflexionar muy propia que se muestra en los diálogos de estos dos personajes que aún se quieren pero no encuentran la manera de decirlo. Y eso que se da más de un momento para hacerlo, provocando al espectador una impaciencia para que finalmente lo digan, junten los rostros y sellen el beso. Aunque al final, cansado de tanto autoindulgencia, Simó opta por un plan, el último plan para demostrar su sentimiento ala chica. Un plan en el que necesitará la ayuda de Shahrukh, el vecino indio que tiene contratado para que le traiga comida (algo tendrá que comer si no sale de casa). Y si este plan no funciona…
Este texto es ágil, directo, de diálogo entrecortado, con sus palabras justas, definiendo el carácter de cada uno, con expresiones más malsonantes en ella y las más pulcras de él. Pero lo que le da el verdadero sello indie es el espacio donde sucede y donde se nos sitúa a nosotros los espectadores. ¡Fuera cuarta pared otra vez! Todos los asistentes nos sentamos en las sillas, y sillones distribuidos a lo largo y ancho de una habitación que actúa de comedor, salón de estar y cocina del piso de Simó. Así en un momento tengo a Béré dirigiéndose a un servidor, mientras al rato es Simó quien des de mi nuca discute con Béré sobre sus constantes cambios de novio. No sólo eso, sino que además otros asistentes jugaron su pequeño rol al transportar una serie de coordenadas apuntadas en papelitos al supuesto encargado indio que le hace las compras a Simó (otro miembro del público, sorprendido pero buen colaborador). Y entre nosotros al fondo como uno más del público se funde el propio Iván Morales quien sigue las cometidas de sus actores con avidez. Eso es lo que yo llamo un director implicado.
Otra parte del currículum del director y dramaturgo está en sus orígenes almerienses y en su pasión por cierta música salida de las entrañas de Andalucía como es el caso de la banda de flamenco-rock psicodélico Triana. Precisamente es una de sus canciones más celebradas la que da título al espectáculo. Y no es gratuito, pues la música siempre es algo que define una relación, siempre hay una o varias canciones en una relación. Y en este texto Ivan Morales usa esta canción como Macguffin para marcar el desarrollo y desenlace de esta compleja relación.
Y en lo que se refiere al apartado interpretativo los dos actores suman fuerza, carácter y verismo en cada una de sus líneas de diálogo. Asusta ver a Anna Alarcón escupir su texto con tanta rapidez cuando su personaje va puesto de coca hasta las cejas, pero Xavi Sáez no se queda corto en sus momentos más dramáticos, explicando a su amada Béré la incomodidad que siente estando a su lado. Pero luego, el autor sorprende con un giro final, que por obvio y por lo que tiene de chiste te hace reír y pensar, ¡que torpe es el ser humano cuando tiene que mostrar sus sentimientos!
Buen debut así del guionista y actor Iván Morales. un espectáculo con su ternura, con su trasfondo trágico, pero con su cara cómica y ridícula Una obra producto de la mente inquieta de un hombre joven que ya tiene suficiente bagaje en la vida como para hilvanar una serie de encuentros y desencuentros entre dos personajes reflejo de cierta juventud, de tu y de yo.




