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Crítica de Penumbra

TEATRO CENTRAL. SEVILLA. 20/ MAYO/ 2011.

ANGUSTIA FRENTE AL MAR

Inquietante. Incómoda. Insultante. Increíblemente llevada al escenario. La compañía Animalario logró ayer en el Teatro Central de Sevilla arrancar bravos inmediatos en el oscuro final.

Durante una hora y diez, incomodó, inquietó e insultó -de buena manera- a nuestras conciencias. Parlamentos entrecortados y narrados la mayoría de ellos en estilo indirecto y aderezados con cadencias acertadas dentro del ritmo del montaje salpicaban la penumbra que ha diseñado para experimentar, según las palabras de su director Andrés Lima, con las sensaciones donde el miedo será partícipe. Personalmente, siempre he sentido curiosidad por asistir a una representación de esta compañía; había leído sus críticas donde se alababa su propósito por la pièce bien faite: hoy puedo dar fe de ello.

Armonía. No se me ocurre otro término más acertado para titular la conjunción de luces, música y palabra. Desde el foco que estalla y te obliga a cerrar los ojos hasta aquél mínimo, semioculto, que logra levantar una microatmósfera donde el personaje halla el oxígeno ideal para desenvolverse. Además de las secuencias de latidos a modo de seísmo que angustian; un piano que apacigua o que alerta de lo apaciguado que suena; la sorpresa de la pieza barroca mientras toman una sopa invisible que parece estar envenenada. Mención especial la voz en off de la Madre que se me antoja venida del más lejano oráculo; personaje incorpóreo que azuza el drama dentro de esa casa transparente y frágil que conforma la escenografía.

El espectador -al menos así me he sentido yo- debe trabajar durante la representación y esto, a mi modo de concebir el Teatro, lo encuentro digno de elogio. Todo se nos presenta roto de antemano y nos lo vuelven a romper, a triturar; los personajes regurgitan sus pérdidas y somos nosotros, la audiencia, la que debe recomponer todos esos dolores, miedos y persecuciones que padecen los personajes, personajes/marionetas curiosamente sin bautizar -los padres aún no saben cómo van a llamar a su hijo- el no-ser que cumple la máxima hessiana de que el lobo es un lobo para el hombre junto con el eslógan terrible de Beckett there’s nothing to be done cuando hablan de que la felicidad no se consigue nunca.

¿La Conciencia? ¿El Sueño? ¿El Instinto? ¿Cómo definiríamos al personaje de Guillermo Toledo que instiga, somete, se desdobla y desdobla a la pareja? Me recuerda a Rosencrantz y Guildenstern en uno haciendo de las suyas por la corte de Elsinor mientras Toledo lo hace en una casita de juguete -otro acierto- frente al mar.

Por último destacar las interpretaciones de Alberto San Juan y Nathalie Poza: Tanto ellos mismos como sus propios personajes bien podrían haber sido arrancados de cualquier tragedia clásica que se precie. Enhorabuena por lo inquietante, lo agradablemente incómoda de esta hora y pico de angustia frente al mar. Ha llegado la hora de seguir animando a este tipo de teatro para que pensemos en nuestros miedos.

Y Pinter, si hubiera venido al Central, se habría removido en su butaca.

Dirección: Andrés Lima. Autores: Mayorga/Cavestany. Reparto: Alberto San Juan, Guillermo Toledo, Luis Bermejo, Nathalie Poza. Escenografía: Beatriz San Juan. Iluminación: Yagüe/Alvárez.

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