El musical de Pegados

Crítica de Pegados en el Club Capitol

El musical de Pegados

Pegados. Mala leche para los musicales

En la web de Pegados lo primero que llama la atención es la imagen simbólica de dos donuts encima de otro unidos, Pegados, azúcar contra azúcar. Pero no se dejen engañar, no es precisamente un musical dulce y empalagoso pues el texto está lleno de mala leche y no de pasajes almibarados ni situaciones emocionales poco creíbles.

La situación en si ya puede tensar el ambiente. Y es que dos jóvenes, después de practicar el acto sexual se encuentran pegados involuntariamente por los bajos dejándolos en una situación incómoda y profundamente surrealista. Las horas pasaran mientras esperan al médico y tendrán todo el tiempo para insultarse, aburrirse, jugar, conocerse y finalmente enamorarse.

Pero tranquilos que la mala uva persiste. Y es que en cuando la cosa se puede poner un poco sensible o se llega un punto que la espera se hace aburrida (quien se aburre son los personajes no el público que se mantiene expectante) siempre aparece el  personaje más divertido y loco, el de la enfermera. Ésta ya nos avisa en el prólogo de que vamos a ver un musical y que lo mejor que pueden hacer los actores es empezar a cantar que no están para hostias. Así que estamos delante de una obra moderna, una obra de estas que juegan a hacer teatro dentro del teatro, saltándose la cuarta pared, y mezclando personajes y actor en el mismo pack.  Y es precisamente este el gran valor que tiene Pegados porque, ya se sabe que el musical nunca ha sido el género más bien visto para los más puristas del drama escénico. Así, ¿qué mejor manera que reírnos del musical haciéndolo dentro del musical?

Pero claro un musical para que triunfe tiene que tener una buena composición musical. Y aquí precisamente es en lo que va un poco más coja. No es que estén mal las canciones ni lo que dicen, y están muy bien interpretadas (ya hace tiempo que las voces de los musicales del país son de un buen nivel) por los tres actores, y el pianista toca el piano con brío y sentido del ritmo. No es eso lo que falla musicalmente hablando. Lo que falla es el recuerdo, la infiltración en la memoria. No hay ningún tema que me haya conmovido especialmente, ningún himno (todo musical tienen sus dos o tres himnos para la memoria) que marque la obra. A lo sumo un par de temas centrales.

Pero Pegados es un buen musical, y se merece los premios que ha ganado en lo que lleva de recorrido. Y a lo mejor no me quedaré con las canciones pero si con esta Gemma Martínez, a lo Harpo Marx, puteada por los dos pegados, forzada a cambiarse de peluca y uniforme a cada minuto y que acaba exigiendo un poco de respeto por ella, la actriz, no la enfermera. El musical sale de sí mismo para mirarse al espejo y reírse. Y nosotros con él.

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