Noche de Reyes de Cía. Noviembre Teatro

Crítica de ‘Noche de Reyes’

Noche de Reyes de Cía. Noviembre Teatro

NOCHE DE REYES EN EL LOPE: ALTA COSTURA

Se encienden las candilejas, suena un piano y la troupe de cómicos se instala en escena para contarnos esta comedia romántica de William Shakespeare. Los enredos y las chanzas, los castigos y amoríos, se van a desarrollar en Iliria, lugar remoto. Como afirma su director Eduardo vasco, una labor “basada en el cuidado por la palabra y en la potencia del actor como únicos elementos indispensables”.

El envidiable bagaje de Vasco por los clásicos tras haber dirigido la Compañía Nacional de Teatro Clásico -hija legítima de Marsillach- y su sabiduría por desempolvar lo caduco/arcaico que a veces suelen arrastrar sin querer esta herencia textual, contribuyen a que Noche de Reyes se nos ofrezca revitalizada, vitaminada y picoteando del español con un atrevimiento, a veces travieso, sin desmerecer -por aquello de acercárnoslo- al bardo inglés.

Elenco que hace del lema uno para todos, todos para uno su arma de guerra, nos encandila. La superposición de cuadros huyendo de las manidas puestas en escena que se empeñan en hacer de los apartes y cambios de escenario un obstáculo que distrae, favorece el ritmo animado en la hora y 45 minutos que dura la representación. Minimalismo escenográfico (Carolina González) donde telones y un piano bastan para que veamos el naufragio, los palacios, los bosques y los calabozos. Todo a pedir de boca. Por su parte, Lorenzo Caprile finiquita la prenda de Vasco con hilvanadas de pasarela recreándose, sobre todo, en el personaje de Olivia (Rebeca Hernando) así como en el toque andrógino que defiende una Viola (Beatriz Argüello) que recuerda a una jovencísima Katharine Hepburn, no sólo en el garbo que luce, sino en ademanes y manejo de la mirada.

Cierto es que el texto vuela por la escena a pesar de su versión heterodoxa; el reparto la moldea como quiere y cuando quiere -da la sensación que lo hacen por vez primera de ahí su frescura; los tonos, soberbios y la musicalidad brilla por su constante presencia, sin embargo, se encuentran demasiadas licencias en el singular el trío maravillas -al más puro estilo Kenneth Branagh- del Bufón, Carapálida y Don Tobías (Querejeta, J. Ramón Iglesias y Sendino) quienes avivan el tenue fuego que cuece las pasiones en Iliria.  Licencias sobradamente contemporáneas que a veces nos  desconectan de una atmósfera que, con acierto, han ido creando.

Aplausos para ese paso de puntillas por el music hall que nos ofrece Héctor Carballo con su Malvolio vapuleado, algo que demuestra, a mi entender, la délicatesse de Eduardo Vasco en quedarse en esa justa medida que demanda un clásico de dicha envergadura. Queda demostrado pues su propósito de que el intérprete unido a la palabra del autor no sólo puede entretener sino transformar. La puesta en escena mantiene el pulso en esta obra agridulce donde suenan los ecos de Plauto y donde los personajes padecen unas pasiones, si no controladas, al menos, edulcoradas. Nos perdemos el humor original que pudo provocar esta obra en su día ya que estamos privados de entrar en aquel juego isabelino de hombre-que-hace-de-mujer-disfrazada-de-hombre: aun así Beatriz Argüello acepta la afrenta.

La universalidad de Shakespeare queda patente, al menos en montajes como éste, donde luce conservando prácticamente su denominación de origen.

 

NOCHE DE REYES
De William Shakespeare
Dirección: Eduardo Vasco
Reparto: Arturo Querejeta, Beatriz Argüello y Fernando Sendino entre otros
Cía. Noviembre Teatro
Teatro Lope de Vega, Sevilla, 15 de febrero

 

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