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Crítica de Muñeca de porcelana

Hace unes semanas un servidor oyó por primera vez hablar de Muñeca de porcelana. Qué si José Sacristán está de aúpa, que si el texto de David Mamet es brillante, que si la versión de Bernabé Rico es rigurosa. Mi sorpresa fue mayúscula cuando a los pocos días se anuncia que la producción hará parada dos días en el Teatre Joventut de L’Hospitalet. Curioso. No llegan a Barcelona, se aproximan, testeando la reacción del público hospitalense, a lo mejor más atraídos por la figura clásica de Sacristán que por la obra de Mamet. Intuimos que están en negociaciones para recalar una temporada, unos días en Barcelona. Es necesario. Los de Bravo Teatro escucharon un justo y atronador aplauso al final de la obra venido de una platea desbordada, sin un asiento libre.

Cabe decir que un servidor tiene mucha debilidad por las obras de Mamet, un dramaturgo peligroso, cirujano de las relaciones de poder humanas, que ya ha mostrado su talento en infinitas ocasiones (Glengarry Glen Ross, American Buffalo, Oleanna). Esta vez da voz a un multimillonario corrupto hasta las cejas, un tipo de éstos que domina el mundo con una simple llamada de teléfono. Mick Ross (José sacristán) tiene un problema burocrático, una tontería que sabe que despachará rápidamente con unas cuantas llamadas: un avión que compró en Suiza para su novia, joven y bonita, está inmovilizado en Canadá por unos problemas con la matrícula y el fisco. A su lado, atendiendo con efectividad malabarista está Carson (Javier Godino) su asistente que tanto está para contestar llamadas como para servir una copa a su jefe o recibir distintas lecciones de como negociar en las altas esferas. Un rol difícil, todo orejas, todo posición.

David Mamet escribió esta obra para Al Pacino. Quiso darle un personaje a su medida, un cabroncete con poder que poco a poco va cavando su propia tumba. Hace poco más de cuatro meses que esta obra se ha estrenado en Broadway. Pero Bernabé Rico rápidamente hizo su propia versión para ponerla al servicio del director Juan Carlos Rubio (con quien ya trabajó adaptando otro Mamet, Razas), quien vio en Sacristán a su propio Pacino.

Sin duda, Muñeca de porcelana es otra maravilla de Mamet, una obra cuyos diálogos son canela pura. Todo es diálogo, todo pasa por la palabra dicha, toda la fuerza interpretativa reside en ella. Mamet es un cirujano de los diálogos, sabe muy bien combinar la información, marear al espectador y ofrecer sentencias dilapidarias en los momentos justos. Y a través de ellas, marcar sus particulares macguffins que conducirán los hechos hacia el final (aunque el verdadero macguffin es uno con alas). Es un retrato del poderoso hecho a sí mismo, corrupto y vanidoso, cuya verborrea y sus lecciones de moral corrupta se le terminan girando en contra.

Lo bueno del texto es que es prácticamente un monólogo de Ross a través del teléfono. Y en eso demuestra una vez más una maestría absoluta Mamet como dialoguista. ¡Cuánto difícil es escribir un diálogo con una simple voz, que se entienda y que se perciba con naturalidad, sin repeticiones, sin imposturas! Pero además cuanto difícil es interpretarlo. Pero por suerte Sacristán tiene tantas tablas que sabe dotar al personaje de la energía exacta en cada momento. Marca el tono grave, acusador, autoritario, “soy el pez gordo y todos bailáis a mis son”; marca el tono más conciliador y cariñoso con su muñeca de porcelana, la señorita Pearson; se dirige con sorna, con cierto deje castizo, con el jefe de la aerolínea; pero también se hunde, con su voz grave, masticando bien las palabras. Todo el arco dramático a través de una voz imponente. Pero estos no es una lectura dramática y bien los personajes deben de moverse y gesticular. Sacristán trabaja muy bien sus gestos, acciones y movimientos mientras anda colgado al teléfono; desde la obsesión de coger los pañuelos de papel o las de lanzar a la papelera cualquier nota apuntada que ya no le vale, al recorrido al lado de la pared de su despacho/vivienda, en forma de v invertida (fantástica escenografía de Curt Allen Wilmer). A su lado está el asistente Carson, quien anda detrás de su jefe atendiendo, pasando llamadas o simplemente quedándose quieto, manteniéndose a la escucha para poder anticiparse a los requerimientos de Ross. Esta escucha activa y profesional, pero terminará girándosela en contra. Sin duda, la interpretación de Godino es para destacar pues su personaje pasa también por distintas fases las cuales se exteriorizan con cautela hasta que los hechos se hacen inevitables. No es el asistente estúpido ni ingenuo y eso se le debe agradecer a Mamet.

Restamos a la espera de que puedan recalar en algún teatro de Barcelona durante más días para volver a disfrutar de un Sacristán magistral y un Godino sobrio a las órdenes de una dirección meticulosa a cargo de Juan Carlos Rubio. Valdrá la pena degustar otra ración de Mamet, su particular retrato del poder de la política, la economía y los medios de comunicación a través de diálogos/ monólogos de este prototipo de “dueño del mundo”.

 

Muñeca de porcelana de David Mamet

Adaptación de Bernabé Rico.

Dirección de Juan Carlos Rubio.

Interpretación de José Sacristán y Javier Godino.

Drama sobre las relaciones de poder en las altas esferas.

En el Teatre Joventut de L’Hospitalet el 16 de abril.

7 comments

  1. Elvi

    No me ha gustado nada la trama de la obra ,todo gira alrededeor de lo mismo.Retorica,pesada, no acaba de despegar. Me he sentido decepcionada segun las espectativas q habia reado la propaganda

  2. Al

    “Un millonario corrupto hasta las cejas, un tipo de éstos que tiene dominado el mundo con una simple llamada de teléfono”. Ése es Donald Trump. ¡Qué actual!

  3. Juan garcia

    No me ha gustado nada es un monólogo de sacristán que sí es un gran actor pero no tiene fundamento ni emoción,aburrida y pesada o es para personas más intelectuales que yo

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