Gecko_Missing_8

Crítica de “Missing”

Missing de Amit Lahav

Teatros del Canal. Madrid, 17 de noviembre de 2017.

Creación: Amit Lahav.

Intérpretes: Chris Evans, Anna Finkel, Ryen Perkins-Gangnes, Amit Lahav y Katie Lusby.

REWIND POWER

de Carlos Herrera Carmona

     Cuando era pequeño me daba miedo la oscuridad. Como a casi todo el mundo. Nada de relevante salvo cuando esto suponga una conexión íntima, agónica con el prójimo o con tus antepasados, vivos o muertos. Ya se sabe: temores, espectros, posibles visitas del maligno. Hoy en día, durante alguna que otra madrugada, pienso en el poder escurridizo que siempre flota en una habitación oscura. Su aire negruzco y pardo propicia que cualquier suceso repentino, desagradable suceda y, lo peor de todo, que nadie te puede salvar. A veces cerramos tanto los ojos en el interior de esa habitación oscura que comenzamos a ver seres danzantes liberando espasmos en su red casi opaca; entes que adquieren la forma de nuestros familiares más o menos cercanos quienes nos reviven sin piedad las filias y las fobias de los períodos más vulnerables de nuestras etapas en esta vida, como por ejemplo, la niñez. Es justo ahí cuando los temores se solidifican y quedan enquistados en nuestro subconsciente para siempre. Como le pasa a Lily. Como recrea Gecko. Como nos muestra, nos baila, nos sacude este teatro británico físico y de movimiento.

      Un conjunto de seres perturban a Lily, quien se erige como eslabón idóneo entre lo Oscuro (memoria) y la Realidad (consciencia). La música ordena y manda, controla y desvela. Los ritmos urbanos, siderales, flamencos la persiguen, la propulsan a su pasado para contestar a todo lo que no se puede dar respuesta desde el presente. Las ventanas/peceras le enseñan el cómo, el cuándo y el por qué, la génesis, la simiente maldita y liberadora. Tras estos ojos de buey su madre y su padre parecen abandonarse en su propia ensoñación y olvidarse de ella, parecen amarla con el único arma de la hostigación.

    Decía Emerson que cuando patinamos sobre hielo delgado, nuestra seguridad se cifra en nuestra velocidad. Como consecuencia, el recorrido hacia atrás, ese rebobinar quasiagónico se ralentiza, no termina de avanzar, nos ancla y nos  martiriza. Amit Lahav parece que nos van dando continuas ahogadillas en un lago abisal, donde sólo nos concede una luz tan débil como la que es capaz de emitir una luciérnaga y lo suficientemente emplazada en el abismo de la memoria y de los recuerdos que los rostros y escenas parecen haber sido ilustrados por El Greco.

    Inmersos en una torre de Babel mágicamente confusa y sideral, aderezada con suculentas coreografías desconcertantes, volátiles, perfectamente ensambladas con el propósito del montaje, Gecko nos retrata en el horror vacui del hombre de hoy en día en su sociedad sitiada y sin respuestas: la marcha atrás en el sendero de la memoria y descubrir por qué aún nos da miedo cerrar los ojos en una habitación oscura.

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