Crítica de ‘Los hombres no mienten’

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Arturo Fernandez, Sonia Castelo y Carlos Manuel Díaz forman Los hombres no mienten en el Teatro Amaya de Madrid

La sinceridad no siempre da la felicidad. Esta es la premisa que nos encontramos en la obra «Los hombres (no) mienten», una nueva alta comedia del autor francés Enric Assous y que, de manera magistral, es interpretada por el singular e inimitable Arturo Fernández.

El galán más maduro y querido de nuestro país ha vuelto, una vez más, cargado de energía y vitalidad, para hacernos sonreír y para demostrar, donde mejor sabe hacerlo, en las tablas, que a pesar de los años, él está hecho todo un chaval.

En esta hilarante comedia, que ha obtenido el Premio Moliére 2010 a la mejor obra de teatro, Arturo Fernández da vida a Pablo, un gran empresario, casado hace 27 años con una magnífica mujer que hasta ahora nunca le ha dado un disgusto. Ella es Silvia, personaje que encarna Sonia Castelo. Ambos viven en una casa preciosa, y su economía va tan bien que puede permitirse toda clase de lujos, como cambiar de coche cada mes. Aparentemente el matrimonio goza de una vida perfecta, pero la armonía se romperá cuando Luis, el tercero en discordia, interpretado por Carlos Manuel Díaz, venga a confesar alguna que otra infidelidad  conyugal, sólo para descubrir que, al final, tanta sinceridad acaba por dar miedo.

Impecable, sin una arruga en el traje y con su inconfundible presencia escénica, Arturo Fernández se mueve como pez en el agua en esta obra para desternillarse de risa, pero ¡ojo!, risa, que no carcajada, porque hasta para reírse, su estilo es fino y distinguido. Un humor sólo digno del gran actor asturiano, tan elegante y a la vez capaz de transmitir en cada espectáculo esa personalidad que le ha caracterizado durante todos estos años y que sólo puede clasificarse dentro de la alta comedia.

En su interpretación intachable no hay lugar para el hastío. Todo lleva su sello, hasta la seductora, suave y clásica banda sonora. Aquel inolvidable “Welcome To My World” de Jim Reeves. Y así es el mundo de Arturo Fernández. Un teatro repleto de sonrisas pero también de momentos dramáticos, en los que el público se queda anonadado porque este actor, además de hacernos reír también sabe ponerse serio y es en ese instante, cuando descubres que todo el mundo enmudece para escuchar y Dios sonríe en el cielo, gracias a su magnífica exégesis.

Pero qué duda cabe que él ha nacido para hacer comedia, y, como él debe saber muy bien, la comedia requiere que las actrices sean buenas actrices y que, además, tengan ese glamour que es necesario para que su personaje resulte verosímil. Para Sonia Castelo no debió de ser nada fácil amoldarse a su personaje: Silvia, ya que, a pesar de estar enfundada en las mejores pieles, no acierta cuando interpreta a una mujer cargada de una candidez crispante, y falla, a mi parecer, en muchas partes de la obra, llegando a resultar un tanto exagerada. Si bien es cierto que no logra esa naturalidad que tiene el gran protagonista, admito que, gracias al guión, Silvia tiene momentos de esplendor con frases tan reveladoras como esta: “La verdad, al final, siempre es decepcionante, es la duda la que nos hace mantener la llama deseo”.

Y luego está él: Carlos Manuel Díaz, el supuesto amante a la vez que víctima de adulterio, este actor derrocha ingenio y personalidad en el papel de Luis; él, con gran desparpajo y destreza, se convierte en un gran cínico que, con las confesiones que obtiene por sí mismo, labra la propia historia, cuyo final no es el esperado.

Es entonces cuando descubres que lo que parece obvio, en realidad no lo es. Entre risas nos cuentan con gran habilidad argumentos manidos pero sabiamente reformulados, como que los hombres fingen no entender preguntas expresadas claramente por sus esposas y cómo éstas, a su vez, tienen el poder de fingir placer porque, como la propia Silvia dice, “hay gritos que se fabrican”.

“Los hombres no mienten” tacha el NO para poner de manifiesto verdades como puños y también soltar uno tras otro estereotipos por doquier, lo cual lejos de ser reprochable es ciertamente necesario, ya que, en muchas ocasiones, los tópicos son la mejor manera de explicar una realidad latente como que “para que los hombres puedan ser infieles, los viajes de negocios son la excusa perfecta”.

Arturo Fernández es un derrochador de expresividad, de simpatía y de encanto. Con él, el decorado, nada sobrio, luce todavía más y se justifica. El gran Arturo Fernández, en un alarde de buen hacer teatral, se agarra al guión de esta obra con pasión y delirio como quién se aferra al amor de su vida para no dejarlo marchar, y hasta impide que se cierre el telón. La última cuestión no está en realidad lejos de la reflexión primera,  a veces… “¿No es mejor mentir que decir la verdad? Piénsenlo”.

6 Responses

  1. Monica

    Hoy he visto la obra en Santander y ha sido genial, volveria mañana Arturo es …. no tengo palabras, Sonia y Carlos unos fenmomenos.
    Un 10.

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  2. Javier

    HEMOS PODIDO DISFRUTAR DE LA OBRA AYER DÍA 3.10 EN EL T. APOLO DE BARCELONA. SENCILLAMENTE MARAVILLOSA Y MUY DIVERTIDA.
    UN FUERTE ABRAZO A LOS TRES PROTAGONISTAS Y EN ESPECIAL A D. ARTURO FERNÁNDEZ AL QUE ADMIRO MUCHO.
    MUCHAS FELICIDADES
    JAVIER C. (BARCELONA)

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  3. Ángeles

    Comedia divertidísima de Arturo Fernández. Nos ha encantado y es probable que la veamos de nuevo más adelante. Está soberbio. Nadie como él para este papel. Destaco la escenografía que me ha gustado mucho y el hall del Teatro Amaya con la exposición que tienen actualmente. Muy recomendable.

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  4. manu

    ¿Es una obra de terror? porque la foto es terrorífica y los actores parecen momias. Creo que Arturo Fernandez está acabado aunque en su tiempo fuera una gran dama de la escena.

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