Carmen Machi es La autora de Las meninas

Crítica de “La autora de Las meninas”

La astracanada que tapa el mensaje

Estamos en la era de las copias. Reproducimos constantemente frases e imágenes, compartimos una y otra vez el mismo contenido hasta hacerlo viral y convertirlo en verdadero. Han pasado 5 años desde la polémica producida por el Ecce Homo restaurado en Borja. Más allá de la repudia inicial, lo cierto es que la figura llevó a la fama a su creadora y a su pueblo – con los consiguientes beneficios económicos que ello conlleva-. El resultado, un original perdido y una “copia” mucho más popular.

Algo así es lo que plantea Ernesto Caballero en este texto que él mismo escribe y dirige, cuya historia está ubicada en un futuro no muy lejano. En él, una adorable y conocida monja –Carmen Machi– es contratada por el mismísimo museo del Prado para realizar una copia de Las Meninas. En un momento en el que las artes y la cultura están cada vez más desprestigiadas, el nuevo gobierno del cambio – apoyado por los partidos más tradicionales- ha decidido vender el original para poder mantener las arcas del estado.

A través de esta premisa, Caballero reflexiona sobre el valor del arte y de aquello único en nuestra sociedad. La idea es buena. Pero está excesivamente alargada y llevada al extremo rocambolesco. Y es que el contenido queda envuelto en una comedia bizarra, cuyo nivel de surrealismo aumenta progresivamente hasta la astracanada.

A nivel interpretativo, dicho sea que Machi es una fiera. Lo mismo se pone en la piel de una humilde monja, se somete a una posesión infernal o te baila un rap. Su energía es admirable. Completan el reparto una joven e irregular Mireia Aixalà y un Francisco Reyes poco creíble. Por su lado, la escenografía de Paco Azorín es muy básica y se sostiene sobre las proyecciones audiovisuales. Tres grandes pantallas que se acercan y se alejan en función del momento y que aprisionan la obra y sus personajes.

El conjunto queda demasiado irreal para facilitar el debate. Y eso convierte la obra en un espectáculo creado en gran parte para el lucimiento de su actriz principal. Quedarse con la anécdota es demasiado tentador. Y buscarle una conclusión más profunda se convierte en un complejo viaje que no todo el mundo está dispuesto a realizar. Que cada uno decida hasta donde llega o, en su defecto, siempre puede copiar lo que piense el de al lado.

La autora de Las meninas

Escrita y dirigida por Ernesto Caballero

Interpretada por Carmen Machi, Mireia Aixalà y Francisco Reyes

Hasta el 4 de junio en el Teatre Goya 

2 comments

  1. Brendan Muñíz

    Partiendo de tu derecho absoluto a dar tu opinión, yo daré la mía como espectador y amante del teatro que vio la obra este sábado. Coincido en que quitarle algunos minutos a la obra no le vendría mal. Pero creo que tu crítica peca de lo que criticas: se queda en la superficie. Los intérpretes, los diseñadores y el autor pueden gustarte o no, pero en la obra defienden y homenajean un viaje por las vanguardias del arte que, obviamente, está concebido en clave de humor. ¿O es que hay que ponerse las gafas de intelectual para generar debate? Para acabar, lo de comparar el despertar que hace la genial Carmen Machi y su personaje, la liberación de su deseo reprimido, de expresar su talento para la copia (porque recuerda que es buena copista) de forma única, distinta a la que está acostumbrada u obligada, con la aberración de la señora que destrozó el Eccce Homo… ahí sí veo que tu crítica tiene un punto de acidez excesivo. Es como una astracanada de comentario que tapa el mensaje.

    • Buenos días Brendan. En primer lugar, muchísimas gracias por aportar tu opinión en este humilde espacio. Cualquier oportunidad de debate y reflexión siempre es bienvenida. Respecto a tu comentario, la obra se plantea como una reflexión sobre el valor que la sociedad da al arte, sobre hasta qué punto mediatizar algo es suficiente para que aquello sea considerado bueno. Y sobretodo sobre el orgullo tan humano que hace que, como la protagonista, terminemos dejando atrás la humildad por querer sentirnos reconocidos (e incluso admirados) por nuestra obra. Temas reales, vigentes, humanos, tan cercanos que resultan perfectamente reconocibles sin tener que presentarlos a través del desvarío. La posesión demoníaca, el ataque de lujuria y la locura que avanza por las diferentes vanguardias me parecieron, y es una humilde opinión personal tan válida como la tuya, excesivos e innecesarios. Sobretodo porque el tono provoca que nos alejemos del tema, lo cubre de una capa superficial. Dices que mi crítica se queda en la superficie, pero es que como digo en ella es la propia obra la que no me invita a ir más allá. Aparece todo tan enmascarado que parece irreal y lejano. Por otro lado, respecto a lo del Ecce Hommo, no comparo tanto a sus autoras como al efecto que producen sus obras. Tanto el Ecce Hommo como Las meninas falsas pueden parecer una aberración, pero ambos se convierten en elementos mediáticos que llegan a producir beneficios para quienes los exhiben. Ambos se convierten en anécdota, en llamada de atención, en elemento que hace gracia y populariza el sitio. Y por ente, ambos acaban siendo aceptados por la sociedad, igual que el urinario de Duchamp. ¿Qué es arte? O, mejor dicho ¿quién decide qué es arte? Lo que vengo a decir con la comparación es que la historia de Caballero no está tan alejada de la posible realidad. Y ese es para mí el valor interesante de la obra, aunque después acabe diluido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *