"Hedda Gabler" de Henrik IbsenDirección: Eduardo Vasco Reparto: José Luis Alcobendas, Charo Amador, Ernesto Arias, Jacobo Dicenta, Cayetana Guillén Cuervo, Verónika MoralEduardo Vasco.Yolanda Pallín (Versión), Carolina González (Escenografía), Miguel Ángel Camacho (Iluminación), Lorenzo Caprile (Vestuario), Ángel Galán (Música), Eduardo Vasco (Espacio sonoro y vídeo), Isidro Ferrer (Cartel), marcosGpunto (Fotos), Paz Producciones (Vídeo)

Crítica de ‘Hedda Gabler’

Tras el sonado portazo de Nora, hace más de un siglo, llegó Hedda. Una mujer que rompe con los cánones de toda una sociedad masculina. Una mujer joven, atrapada por unos patrones conductuales con los que no se identifica pero que asume, hasta que su anhelo libertario acaba con su vida. El gran Henrik Ibsen dibuja un personaje atormentado, que se aburre soberanamente en su día a día, con una ansiedad que le oprime hasta el grito desgarrador de su final.

Con un reparto fabuloso, en el que contamos con el espléndido Ernesto Arias, que da a la oscura trama un aire fresco y despreocupado, con una chispa de humor y mucho talento en su erudito Jorge Tesman. Cuando vemos aparecer a Hedda (Cayetana Guillén Cuervo) sobre el escenario, lo primero que resalta es su maravillosa figura, elevada gracias a la labor espectacular de Lorenzo Caprile. Un gusto máximo a la hora de componer el vestuario, su técnica del color y su elegancia en los vestidos de Hedda; que pasan de blanco perla al negro más puro en sus cuatro cambios a vista del público. José Luis Alcobendas (Eilert Lovborg, el hombre que completa este triángulo), nos deleita una vez más con un personaje complejo y atormentado; su particular destreza interpretativa es siempre un regalo para el público. También están Verónika Moral con su Thea, una Nora particular e inocente, de esta pieza de Ibsen. El Juez de Paz Brack (Jacobo Dicenta), Charo Amador como la tía Tesman y la ejemplar ejecución al piano de la música de Ángel Galán, por el actor Jorge Bedoya.

Una escenografía semejante a los grandes decorados de la ópera. Con paneles negros de siete metros de altura que acotan el espacio, un telón de fondo de figuras rectilíneas, la proyección de un árbol de septiembre en movimiento, cuatro sillas y un piano de cola, son el marco donde se desarrolla esta tragedia el siglo XIX.
Destacar la labor de dirección de Eduardo Vasco, que va desde una maestría sorprendente en el movimiento escénico (con juego de niveles, preciosas figuras en el suelo y poses que nos evocan al cine de las grandes divas del Hollywood de los años cuarenta), hasta el juego visual de la escena que llega a un punto de oscuridad tan agobiante como al estar en un túnel.

¿Hasta cuándo puede un ser humano vivenciar y hacer vivir una mentira a los demás? ¿Cuánto tiempo puede un alma libre vivir en una jaula? ¿Hasta qué punto un ser puede cumplir las leyes preestablecidas en su sociedad? ¿Cuál es el precio que debemos pagar por vivir conforme a nuestra ideas y ser auténticos? Éstas y otras cuestiones serán tratadas en esta obra de Teatro de Ideas de Henrik Ibsen. Un hombre que dio cabida al mundo femenino dentro de una cultura machista aplastante y que pone en el banco de los acusados a la burguesía, sus incoherencias y el capitalismo descontrolado.

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