Forest

Crítica de Forest

Segundo año consecutivo que el Teatre Almería abre sus instalaciones a l’Estudi Laura Jou para que uno de los grupos en formación muestre el resultado de su workshop al público. Es prácticamente el mismo grupo que el año pasado celebró aquel fiestón que fue el “Sueño de una noche de verano. Versión de Daisy Portaluppi” que dirigió Iván Morales. Ahora pero el profesor/director es Pau Miró (junto con Gerard Oms), otra de las figuras del teatro catalán más activas. De hecho, Miró está haciendo doblete pues en la Sala Beckett están reponiendo “Un tret al cap”, una de las obras más destacadas del pasado Grec. Mientras en el Almería Teatre un grupo de 8 actrices y 3 actores se interrelacionan en un espacio tenebroso, oscuro, como abandonado. Se trata de un bosque. Se trata de Forest, adaptación de creación colectiva de La ronda de Arthur Schnitzler.

A medida que uno va siguiendo Forest se da cuenta de que el texto de Schnitzler ofrece un material excelente para un proyecto de formación de actores. Sobre todo, por su dinámica: sucede una escena entre dos personajes, uno de los personajes sale, el otro se queda; entra otro personaje, se da otra secuencia, donde el personaje que se ha quedado ofrece un comportamiento distinto al de la secuencia precedente, y al terminar esta escena, sale, dejando al otro personaje sólo y preparado para recibir otra vista inesperada. Son escenas en cadena, que ofrecen al actor interpretar las dos caras de un mismo personaje. Un ejercicio teatral bien hilvanado que va más allá de lo académico, del taller de final de curso.

Pero La Ronda no sólo es válida por su estructura narrativa, sino también por la posibilidad de trasladar esta danza de amantes que hay en el material de Schnitzler a la actualidad y enmarcar a sus protagonistas, una generación joven. Así que, tal como hicieron el año pasado con el clásico de Shakespeare, la adaptación dramatúrgica se hizo a través de reflexiones e improvisaciones, sacando todo el material de la propia esencia de esta generación de jóvenes actores. Así pues, no encontramos prostitutas, ni criadas, ni maridos, ni señoritos, ni condes, sino gays, camellas, pervertidos, pirómanas…, una retahíla de personajes extraños, oscuros, de moralidad dudosa que se encuentran en un espacio alejado de la civilización, como un pequeño reducto, que tanto pudiera servir para celebrar raves como para tener encuentros sexuales con desconocidos.

La voluntad de esta adaptación pues no es ser transgresora, sino el de hacer reconocible al público una serie de personajes con miedos e inseguridades que no están tan alejados de los propios. Las relaciones que se muestran entre estos pequeños demonios les fuerzan a dar un paso adelante, a confesar sus actos más perversos o a tomar decisiones vitales. Cabe decir que no todas las apariciones en este aquelarre tienen el mismo nivel. No todas las historias tienen el mismo impacto. Nos quedamos con el encuentro entre la camella ciega y un cliente que le compra droga porque está enamorado de ella; con el encuentro entre una novia huida de su propia boda y un cazador con malas intenciones; la conversación entre una pirómana y una supuesta abraza-árboles; o la escena entre una hija de papa cargada con una maleta llena de dinero y una joven que vive enclaustrada en el bosque desde hace cuatro años.

Forest además tiene su propia banda sonora. La interpretación en directo de canciones es algo que se representa cada vez más. Pero hay que saber encajarlo. Empiezan con un Like a virgin (de Madonna) casi susurrado, como si fuera una invocación a los espíritus del bosque, interpretado por todos los actores encima del escenario. Esta pieza junto con una de Beyonce, el The Moon Song de Karen O acompañada con el ukelele, o el enérgico Psycokiller de Talking Heads, nos sirven como refuerzo metafórico del comportamiento de los personajes. Estas canciones encajan bien en un sitio donde cada personaje se expresa con verdad y autenticidad. Fuera del bosque todo eso no sucedería.

Y para cerrar la obra, el primero y el último de los actores que cierra el círculo se pone el vestido de Puck y empieza con aquello de “Si nosotros, vanas sombras, os hemos ofendido…”. ¿Un duende en un bosque que nos invita a desenredar las historias y a advertirnos que todo puede haber sido un sueño? ¿Porqué no? Shakespeare está en todos lados, ¿no?

 

Forest, obra de creación colectiva.
Dirigido por Pau Miró y Gerard Oms.
Interpretado por Marc Arias, Albert Boix, Ivette Callís, Ángela Cervantes, Judit Cortina, Sara Diego, Lola Errando, Alba Encabo, Eudald Font, Berta García i Gemma Sastre.
Concatenación de escenas dramáticas.
Hasta el 24 de setiembre en el Teatre Almería.

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