Crítica de ‘El Príncipe Feliz’

El Príncipe Feliz

Aprovechando estos días festivos en lo que los niños disfrutan de vacaciones, La Abadía representa “El Príncipe Feliz”, un precioso cuento de Oscar Wilde que nos enseña la belleza de la generosidad.

Cuenta la historia de un príncipe que vive feliz dentro de los muros de su fortaleza y que sólo verá el mundo real cuando es convertido en una preciosa estatua de oro y situado en un alto pedestal desde el que puede vez más allá de la frágil felicidad de su castillo. Desde allí, con la ayuda de una golondrina, se despojará de toda riqueza para repartir entre los más infelices. Es un maravilloso cuento donde se nos muestra la belleza de la generosidad.

De la mano de la compañía La Baldufa, nos adentramos en un precioso mundo de luces y sombras con una cuidada y delicada puesta en escena.

Merece la pena este montaje solamente por la esmerada y deliciosa escenografía que encandila a los más pequeños y emociona a los mayores.

Dejando a un lado que el texto en sí ya es una joya, los actores no sólo tienen un peso interpretativo, sino que juegan un papel de vital importancia en la escenografía, que se basa en luces, sombras, paneles móviles y elementos en muchos casos simbólicos.

Lo más bonito de este montaje es que no intenta hacer tontos a los niños. Representa el cuento con una perspectiva que los niños entienden y disfrutan perfectamente y que a los adultos no nos resulta ridícula.

Sí, es un montaje ideal de para niños de más de seis años alcanzando por tanto a niños de hasta treinta y seis, como es mi caso.

La Abadía vuelva a apostar por un teatro de calidad e innovador que va más allá del impacto fácil al primer golpe. Es un espectáculo delicado, emocionante y muy trabajado, algo muy raro de ver en el teatro infantil.

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