Crítica de ‘3 deseos’

Seguro que muchos de nosotros nos hemos planteado alguna vez cuál sería nuestro deseo si nos topáramos de improviso con el genio de Aladino, y aún somos más los que nos hemos visto obligados a pensar en uno de ellos, por pequeño que fuera, al ver una estrella fugaz, al soplar unas velas de cumpleaños o tras tirar una moneda en una fuente. Desear, como soñar, es una cualidad inherente al ser humano, aunque no siempre deseamos aquello que realmente puede abrirnos el camino hacia la felicidad. “Ten cuidado con lo que deseas, se puede convertir en realidad”. Esta frase de Oscar Wilde es el eje central alrededor del cual se teje esta obra, una producción de pequeño formato, a medio camino entre el teatro y el cabaret.

Quizá el verdadero punto fuerte de ‘3 deseos’ es que es capaz de proponer una reflexión muy profunda con un lenguaje muy cercano, una estética desenfadada y muchas dotes de humor. Esto pone de manifiesto el buen trabajo realizado en el texto, firmado por Azucena Alonso, responsable a su vez de la compañía Love&Chocolate, que ha sido capaz de reunir a un grupo de actores jóvenes capaces de transmitir una gran vitalidad desde que comienza el espectáculo.

Construida a medio camino entre el talk show y el teatro musical, ‘3 deseos’ nos cuenta la historia de tres personajes: una joven ingenua, una ninfómana y un mecánico machista, tres personalidades muy diferentes pero que comparten su frustración por una vida que no termina de sonreírles. Estas historias quedan entrelazadas y conducidas gracias al verdadero vertebrador de la obra, el hado Óscar –no sabemos si comparte nombre con Wilde por simple casualidad–, un ser bello, puro e inmortal, pero incapaz de disfrutar de los placeres entregados al ser humano. Como el resto de personajes, Óscar también tiene su deseo, pero para lograrlo tiene que conceder tres con anterioridad… y aquí empieza la trama.

Como suele ocurrir con las producciones de pequeño formato, aquí la ausencia de grandes decorados o vestuarios se sustituye por otros elementos no menos importantes, como un buen guión, una gran complicidad entre los actores, una cercanía difícil de conseguir en las grandes salas y una energía desbordante desde el primer minuto. Todos estos ingredientes consiguen que el público entre de lleno en la representación y se sienta partícipe de ella, aunque necesitará los 15 minutos de presentación para ubicar la historia y dejarse llevar. Como todo cabaret que se precie, en ‘3 deseos’ también encontramos disfraces y música. Si antes decíamos que el vestuario era, por lo general, limitado, es justo alabar la selección musical, que ha tenido en cuenta algunos de los mejores títulos de Queen, de la banda sonora de Grease o de la mismísima Edith Piaf. Aunque por lo general la historia rezuma vitalidad y energía, quizá los momentos musicales sean los menos conseguidos del espectáculo, y recuerdan más a un divertido número de karaoke o a un ensayo antes que a un musical de Broadway, aunque, dicho sea de paso, no es lo que se pretende.

‘3 deseos’ es una apuesta divertida para reflexionar de manera mágica sobre un tema siempre atractivo como el de los deseos, una forma desenfadada de hablar de sexo, de pasiones y de sueños con un toque de humor que tan bien sienta en estos tiempos de crisis.

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